El odontólogo legista y especialista en medicina legal César Telechea, entrevistado en Historias para Contar, con Rubén Duarte, Inés Bobadilla, y Jacinto Méndez Capurro, que emite LT7 AM 900 en simultáneo por FM Capital 95.3 e Info D Radio FM 106.3, explicó los alcances de la odontología forense, su aplicación en las investigaciones judiciales y su contribución a la identificación humana.

Con 36 años de trayectoria en la Policía de Corrientes, donde estuvo a cargo de la División de Odontología Legal de la Dirección de Investigaciones, Telechea detalló los procedimientos para analizar mordeduras, reconocer características dentarias y examinar restos óseos, además de explicar la intervención de los peritos en casos de violencia, agresiones sexuales, accidentes y muertes sospechosas de criminalidad.

También relató experiencias de su carrera profesional, su labor docente en Odontología Legal en la Universidad de Buenos Aires y la importancia de la formación científica, la responsabilidad profesional y el compromiso con la prevención de la violencia.

—Bien, y en “Historias para contar”, aquí estamos dándole las buenas tardes al doctor César Telechea. Entramos en tema: el doctor César Telechea es profesional, jefe de la Dirección de Pericias de la Policía Provincial, oficial de la Policía de la Provincia, odontólogo perito forense, especialista en medicina legal y también activo en la docencia universitaria. Doctor, muy buenas tardes, bienvenido.
—Bueno, buenas tardes, Jacinto. Gracias por la invitación. Quiero hacer una aclaración previa nomás: estoy en condición de retirado. Estuve a cargo de la División de Odontología Legal de la Dirección de Investigaciones de acá de la Policía de la Provincia y, ya con 36 años de servicio, estoy en situación de retiro.

—Cuando hablamos de forense, ¿qué incumbencia tiene? ¿Qué implica eso?
—Primero, conceptualizar la palabra forense, porque muchas personas creen que, al decir forense, uno está hablando únicamente de situaciones de cadáveres o de la morgue. Pero no. Forense es un término que se emplea para todo profesional que se desarrolle en el foro. Por eso nosotros, por ejemplo, odontólogos legistas o médicos legistas que trabajamos en el foro, sea como perito oficial o perito de parte, y que estamos en relación con la resolución de casos judiciales de la especialidad que nos toque, somos profesionales del foro; por eso somos forenses. Por eso muchos van a escuchar odontólogo legista forense o médico forense.

—¿Y usted ejerció como odontólogo o de inmediato se volcó a la medicina forense?
—No, yo ejercí y ejerzo como odontólogo en mi actividad profesional particular desde que me recibí, en el año 1989. Y de ahí sí, paralelamente, a los pocos meses de recibirme, ingreso a la Policía de la Provincia y voy con el cargo de oficial principal a la Escuela de Policía como asistencial. Ahí estuve más o menos un año y medio y fui trasladado al área de Medicina Legal, en la Dirección de Pericias, y a partir de ahí empiezo una ruta, un camino totalmente diferente que ni estaba pensado, jamás me lo planteé. Pero siempre cuento que llego y me toca ir a la morgue. Me presento a Jefatura a la mañana y tengo que ir a la morgue a participar en una autopsia médico-legal, sobre la cual tenía conocimiento, pero para nada la experticia.
Y me apasionó, me encantó el trabajo de investigación. Estando ahí con los médicos, les pregunto si podría participar de las técnicas quirúrgicas, en hacer las disecciones que me corresponden a mí como odontólogo en el área de la boca y la estructura craneal. Me acuerdo del doctor Ramón Aníbal Martínez, ya fallecido, anatomopatólogo de la Justicia correntina, que me dice: «La verdad que es la primera vez que escucho que un odontólogo quiere, vulgarmente, meter mano a la autopsia. Cómo no». Así que, a partir de ahí, todo ese proceso de investigación me apasionó: ese mundo de ver mecanismos y formas de la muerte e investigar el porqué y el cómo. Me dijo: «Bueno, si le gustó esto, salga de acá y váyase a estudiar en relación con el caso, a leer el caso». Y así lo hice hasta el año antepasado, que me retiré, cada vez que me tocaba participar en una autopsia médico-legal.

—O sea que se inicia de forma casi fortuita, ¿no?, con una invitación a ingresar en el tema.
—Claro, sí. En la Policía, uno como profesional depende del área donde le toca o donde es trasladado y tiene que cumplir funciones. En este caso, comencé casi empíricamente y me apasionó. Pero hay algo que siempre digo y cuento, no sé si por causalidad o casualidad: antes de ingresar a la Facultad de Odontología, estando esperando para los seminarios de ingreso, estaba allá en la morgue de la Facultad de Medicina, por Sargento Cabral. Llega el doctor Onofrio Wischman, pionero de la medicina legal del nordeste argentino e icónico, a quien conocía del barrio La Rosada y del club Regatas. Me pregunta qué estaba haciendo, le cuento que me gustaba la odontología y me invita a participar, porque venía con un cadáver (antes, las autopsias judiciales se hacían en la morgue de la Facultad de Medicina).
Le digo que sí y me dice: «No te vas a desmayar». Yo vivía en Alvear, en el campo, y había visto carnear y participado en caza, así que para nada. Hasta el día de hoy no me olvido de todos los relatos de cómo me contó cómo era, cómo se hacía y lo que se mostraba de los órganos. Y fíjese que después ingreso a la facultad, termino la facultad, ingreso a la Policía y, antes de que me trasladen a Medicina Legal, justo fallece el doctor Wischman, me pasan a mí y comienzo en el área. Una vez apasionado por ese mundo, empecé a buscar la manera de formarme verdaderamente en la especialidad. Antes no había carrera de odontología legal en el país (había en Tucumán y luego en la UBA, pero cerraron), y comenzó la carrera de medicina legal en la Facultad de Medicina.

LAS MARCAS INVISIBLES DE LA IDENTIDAD HUMANA

—¿Y le gustaban las novelas policiales?
—Me gustan las novelas en general y el arte, pero policiales sí; toda película que tenga una intriga o una fundamentación linda me gusta.

—¿Se acuerda de algún caso en particular en los comienzos donde ayudó a la investigación y salió bien o se resolvió?
—A ver, la expresión «salió bien» o «se resolvió bien», pese a que la situación no es grata, pero que se haya aclarado, sí. Muchas situaciones. Cada caso es distinto y cada situación es diferente. Me acuerdo de una autopsia médico-legal donde no es que el trabajo de la autopsia haya dado la resolución del caso, sino que se determinó la causa y el mecanismo de la muerte, que es el objetivo de la autopsia en un proceso de investigación de muerte sospechosa de criminalidad. Fue una especie de seminovela: yo salía de la Facultad de Odontología una tarde-noche.

—Cuente, cuente.
—Salgo una tarde-noche. Damos clases en la cátedra de Anatomía Patológica en la Facultad de Odontología y terminamos como a las 19:30 o 20:00. Me quedo por último porque mi metodología siempre fue acompañar hasta el último alumno. No había casi nadie en el segundo piso de la facultad nueva, por avenida Libertad, en el campus. Salgo y me encuentro con una chiquita en el pasillo que me dice: «Llevame». Le digo: «¿Qué está haciendo usted acá a esta hora, que no hay nadie?». Bajo y hablo con el personal no docente y pregunto con quién estaba, y estaba sola. Me preocupé muchísimo. Me comunico incluso con el doctor Adolfo Torres, decano de la facultad, y hablo con el personal de ingreso del campus, expresando que no puede ser que esa nena ande sola, que hay que llamar a Minoridad y Familia y a la Policía, porque no puede andar por la calle así o mañana la podemos encontrar en una situación difícil en la morgue.
A los nueve días, más o menos, me convoca la doctora Yolanda Morales, patóloga de la Policía en ese momento, para una autopsia. Cuando llego y veo en la mesa de autopsia a la nenita esa, me quería morir. Toda mi vida me manejé psicológicamente pensando que me voy a trabajar y que, en el momento del trabajo, no me afecta absolutamente nada; mi cabeza cambia automáticamente y voy a resolver. Pero me encuentro con este cuerpo e intencionalmente fue una situación demasiado impactante. Les dije: «Ustedes saben que a esta nenita la vi hace nueve o diez días merodeando el campus y mi impresión fue que había que hacer algo». Fue violada y la autopsia fue atroz. Lo que vimos en ese cuerpo demuestra lo que es la mente humana.

—Sobre todo, el tema forense con las criaturas es muy sensible, ¿no?
—Sensible para la sociedad y para los que trabajamos, porque a uno lo obliga a reflexionar. En mi experiencia, siempre me paro un minuto a reflexionar; antes de entrar a la morgue siempre recé (soy católico apostólico romano), porque detrás de ese cadáver hay otro mundo: familiares y amigos que están esperando la resolución de una situación difícil.

—¿Y le tocó alguna vez alguna persona conocida suya en particular?
—Sí, mucho.

—Es fuerte eso, ¿no?
—Sí, pero mi actitud siempre fue muy profesional. Mi examen como odontólogo circunscribe la cavidad de la estructura estomatognática (todos los tejidos de la boca: piezas dentarias, nervios, venas, arterias, músculos, piel, rostro). He participado permanentemente de la autopsia completa en equipo; no estoy facultado técnica ni científicamente para emitir un informe médico, pero sí acoplo mi informe odontológico al protocolo de autopsia.

—Y con una mordedura, ¿se puede determinar quién provocó la mordida?
—En algunas circunstancias sí, no siempre. El odontólogo perito tiene que tener experticia y conocimiento técnico. En Norteamérica estuvo el trabajo de la Fundación Inocencia, en el que reabrieron varios casos no resueltos o mal resueltos. En uno de ellos, un colega trabajó de memoria, con poco desarrollo técnico, y determinó pragmáticamente una mordedura humana; al reabrir el caso, se demostró que no era esa mordedura. Por eso, para determinar fehacientemente si una impronta corresponde a una mordedura humana, hay que tener un conocimiento significativo para que no se desdibuje la pericia.
Pero le digo que sí es posible si se actúa lo más pronto posible. Ante un caso de violencia de género, violación o riña, primero descarto si corresponde a una impronta humana. Si es humana, actúo de inmediato porque en la impronta de mordedura no solo queda la presión de las piezas dentarias, sino, por lo general, la succión, lo que genera equimosis o el hematoma por la ruptura de capilares superficiales. El organismo reacciona ante el traumatismo con un proceso inflamatorio (llega más sangre y edema), por lo que, si pasan 24 o 36 horas, el proceso cambia rotundamente y se pierde la impronta. Sería muy positivo si el agresor tiene una característica particular, como una pieza dentaria en malposición o rota, para poder cotejar.

LA BÚSQUEDA DE RESPUESTAS DONDE LA CIENCIA SE ENCUENTRA CON LA VIDA

—Cuando hablamos de medicina forense, no necesariamente hablamos de cadáveres; puede haber una pericia sobre una persona viva, ¿no?
—El área de la medicina y odontología legal es dar respuesta médica u odontológica jurídica a los casos. Los peritos oficiales atienden casos en el fuero penal para peritar accidentología, violencia, maltrato intrafamiliar o violaciones donde haya lesiones.

—Nos quedan muy pocos minutos y usted me había mencionado fuera de micrófono la «pepita de oro». ¿Qué es?
—Para identificar el sexo cuando tengo restos óseos (que es el campo de arqueólogos y antropólogos físicos), si se encuentra un sacro o hueso ilíaco, para ellos es la «pepita de oro» porque, según sus características, se puede determinar claramente si corresponde al sexo femenino o masculino, nada más. En un resto óseo o cadáver, biológicamente es mujer u hombre; no estamos discutiendo la percepción de género, sino el sexo biológico masculino o femenino.

—Para terminar, ¿alguna conclusión? ¿Se va a África o no?
—Estaba trabajando en la Facultad de Odontología de la UBA, donde soy docente de Odontología Legal. Unos arqueólogos iban a dar una clase de identificación de cadáveres con restos óseos de unas 20 a 25 bolsas. Les dije: «Ustedes ocúpense de su pepita de oro, que es el hueso ilíaco o el sacro, y a mí denme los cráneos y las mandíbulas para mostrar los métodos de identificación en cráneo y mandíbula». Me dijeron que les impactó mi conocimiento y me invitaron a ir a África.

—Bueno, a la vuelta de África vamos a volver a charlar. Doctor César Telechea, muchísimas gracias por visitarnos.
—Gracias a usted por la invitación. Es un gusto transmitir conocimientos y mi experiencia para la formación de futuros profesionales y la sociedad en general, bregando por una sociedad con cero violencia. A los alumnos les digo siempre al iniciar el año: «Giren hacia el costado y díganme a quién ven», para volver a mirarnos y valorizar verdaderamente la vida.