El profesor de Historia Sergio Albornoz, entrevistado en Historias para Contar, con la conducción de Jacinto Méndez Capurro y la producción de InfoDuarte servicios de comunicación, por LT7 AM 900 e Infodradio 106.3 FM, sostuvo que la celebración de la Cruz de los Milagros constituye uno de los hechos religiosos y culturales más significativos de la identidad correntina y vinculó directamente esa tradición con los orígenes de la ciudad de Corrientes.

El docente remarcó la importancia histórica del proceso fundacional de la antigua Ciudad de Vera de las Siete Corrientes y explicó que el asentamiento fue establecido el 3 de abril de 1588 bajo el mando de Juan de Vera.

Albornoz señaló que, tras la partida de Juan de Vera para continuar su expedición, el gobierno civil quedó a cargo de Alonso de Vera y la organización militar bajo la responsabilidad de Hernandarias. Según explicó, ambos diseñaron un sistema defensivo para proteger el asentamiento debido a las tensiones existentes en la región. El historiador describió a la naciente ciudad como un enclave rodeado de monte, protegido por fosos y palizadas, en un contexto donde la convivencia con los pueblos originarios oscilaba entre alianzas y conflictos.

El docente destacó particularmente las características sociales y culturales del pueblo guaraní, al que definió como un grupo con gran capacidad de aprendizaje y adaptación. “El guaraní tenía una característica muy especial, que era un indio manso”, expresó, aunque aclaró que la relación con los españoles comenzó a deteriorarse a partir de la implementación del sistema de encomiendas. Según detalló, el cambio más profundo fue que “el español, de ser su amigo, pasó a ser el amo del indio”, alterando una convivencia inicialmente más armónica.

En ese marco, Albornoz explicó el funcionamiento de las instituciones coloniales aplicadas sobre los pueblos originarios y diferenció entre la mita, la encomienda y el yanaconazgo. Indicó que la mita implicaba trabajos extremadamente peligrosos en minas del Alto Perú, mientras que la encomienda establecía un sistema de trabajo obligatorio bajo dominio español. Afirmó además que, pese a las restricciones impuestas por la Corona respecto del trato físico hacia los indígenas, numerosos guaraníes decidieron abandonar los asentamientos y regresar al monte como respuesta al maltrato y la pérdida de libertad.

El historiador sostuvo que el pueblo guaraní poseía una notable predisposición hacia las artes, los oficios y el aprendizaje de idiomas. “Era una persona con mucha capacidad para el aprendizaje”, afirmó, y vinculó esa capacidad con una dieta rica en proteínas y fósforo proveniente de la pesca. Según señaló, esa situación permitió que muchos indígenas incorporaran rápidamente conocimientos vinculados a la carpintería, la música y el idioma español, diferenciándose de otros grupos originarios de la región.

LA CRUZ DE LOS MILAGROS Y EL RELATO DEL PRODIGIO

Al referirse al origen de la Cruz de los Milagros, Albornoz explicó que la cruz habría sido emplazada aproximadamente a 200 metros del fuerte principal de la ciudad, posiblemente en el acceso principal al asentamiento. Indicó que los españoles acostumbraban persignarse o quitarse el sombrero frente al símbolo religioso, una práctica observada atentamente por los pueblos originarios, quienes comenzaron a atribuirle un carácter protector y sobrenatural.

El profesor afirmó que, a medida que aumentaban los conflictos entre españoles y guaraníes, algunos indígenas intentaron incendiar la cruz en reiteradas oportunidades. “Cada vez que había algún tipo de combate, la venganza de ellos era prenderle fuego a la cruz”, explicó. Según relató, los guaraníes interpretaban que aquel símbolo representaba la fuerza espiritual que protegía a los conquistadores y creían que destruirlo debilitaría el poder español sobre el territorio.

En ese contexto, Albornoz describió el episodio considerado milagroso por gran parte de la tradición correntina. Señaló que tres indígenas se acercaron para incendiar la cruz y que uno de ellos murió repentinamente antes de concretar la acción. “Los guaraníes relacionaron esa explosión, ese ruido, ese sonido con la caída de un rayo, que lo fulminó al instante”, expresó. El historiador precisó además que algunos relatos atribuyen el hecho a un disparo de arcabuz, aunque remarcó que la distancia existente entre el fuerte y la cruz vuelve improbable esa hipótesis.

El docente explicó que ese acontecimiento generó temor y respeto entre los pueblos originarios y favoreció un proceso gradual de acercamiento al catolicismo. “Eso ayudó a que el indio se vaya convirtiendo paulatinamente al catolicismo, por motus proprio”, sostuvo. Asimismo, recordó que la evangelización de los pueblos indígenas constituía una directiva explícita impulsada por Isabel la Católica para los territorios incorporados al dominio español.

Albornoz también se refirió a los debates historiográficos existentes sobre el carácter milagroso del episodio. Recordó que algunos autores, influenciados por corrientes racionalistas y positivistas, negaron la posibilidad de una intervención sobrenatural. “El positivismo se basa en el raciocinio, niega totalmente la existencia de Dios, la posibilidad del milagro”, afirmó al mencionar las interpretaciones de historiadores como Manuel Florencio Mantilla, en contraste con otros autores vinculados a la tradición católica que defendieron la autenticidad del prodigio.

TRADICIONES RELIGIOSAS Y SÍMBOLOS CORRENTINOS

El profesor explicó que la celebración del 3 de mayo posee una conexión directa con la tradición cristiana vinculada al hallazgo de la cruz donde fue crucificado Jesucristo. Precisó que la fecha remite al descubrimiento realizado por Santa Elena, madre del emperador Constantino, en el año 326 después de Cristo. “Ella las encuentra, por eso se establece como calendario ese día, la Sagrada Cruz”, expresó durante la entrevista.

Albornoz remarcó además que la Cruz de los Milagros se convirtió progresivamente en uno de los símbolos centrales de la identidad correntina. Señaló que las primeras referencias heráldicas de la provincia ya incorporaban la imagen de una cruz rodeada por llamas y acompañada por las siete puntas de tierra que caracterizan la geografía local. Según sostuvo, el símbolo religioso terminó integrándose profundamente a la memoria histórica y cultural de Corrientes.

El historiador se refirió a la composición material de la cruz y aseguró que durante mucho tiempo se creyó que estaba confeccionada en madera de urunday verde. Sin embargo, explicó que durante las reformas realizadas en el siglo XIX se comprobó que en realidad estaba hecha de curupay colorado, una madera reconocida por su resistencia al fuego. “Cuando cortan el madero se dan cuenta de una situación, que no se trataba de urunday verde, sino que se trataba de curupay colorado”, afirmó.

El docente detalló que la cruz original medía aproximadamente ocho metros y que debió ser reducida a 3,75 metros cuando se realizaron trabajos para la construcción de una nueva iglesia. Según indicó, fue precisamente durante ese procedimiento, realizado en 1845, cuando se descubrió la verdadera naturaleza de la madera utilizada en la confección del símbolo religioso.

Albornoz añadió que los fragmentos retirados de la cruz fueron distribuidos en distintos lugares de relevancia religiosa. Precisó que una parte quedó en la Basílica de Itatí, otra fue enviada a Santiago del Estero y un tercer fragmento llegó al Vaticano.

LAS LUMINARIAS Y LA CONTINUIDAD DE LA DEVOCIÓN

Hacia el final de la entrevista, el profesor centró sus explicaciones en la tradición de las luminarias encendidas cada 2 de mayo por la noche en distintos puntos de Corrientes. Explicó que esa costumbre se originó en tiempos coloniales debido a la ausencia de iluminación pública y a la llegada de promeseros provenientes de localidades cercanas que peregrinaban hacia la Cruz de los Milagros.

“La cuestión de las velitas se utilizaba como para ir guiando el camino de las personas que llegaban hasta la Cruz de los Milagros”, expresó Albornoz. Según indicó, la práctica comenzó en las inmediaciones del santuario y posteriormente se expandió a toda la provincia, transformándose en una de las manifestaciones religiosas más representativas del calendario correntino.

El historiador explicó además el significado simbólico de la cantidad de velas encendidas durante la celebración. “Si yo pongo tres velitas, significa la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y si yo coloco siete, significaba las siete puntas de Corrientes”, afirmó. En ese sentido, destacó la persistencia de tradiciones coloniales que aún permanecen vigentes en las prácticas religiosas populares.

Albornoz sostuvo que muchas de las costumbres actuales vinculadas a la Cruz de los Milagros conservan elementos heredados de la religiosidad española y de la tradición guaranítica. Explicó que el gesto de persignarse frente a un símbolo religioso, así como la fuerte dimensión espiritual asociada a la naturaleza, continúan presentes en la cultura correntina contemporánea.

Finalmente, el docente consideró que la historia de la Cruz de los Milagros sintetiza distintos procesos históricos fundamentales para Corrientes: la fundación de la ciudad, la convivencia entre españoles y guaraníes, la evangelización colonial y la consolidación de una identidad cultural profundamente marcada por la tradición religiosa. Según remarcó, la continuidad de las luminarias y las celebraciones populares demuestra la vigencia de una memoria colectiva que atraviesa generaciones y mantiene un fuerte arraigo en la sociedad correntina.