Una investigación desarrollada por científicos de la Universidad Estatal de Arizona (ASU), en Estados Unidos, aportó nuevas evidencias sobre la presencia y actividad de microorganismos en la niebla. El estudio, publicado en la revista científica mBio, analizó durante más de dos años muestras de aire obtenidas antes, durante y después de episodios de niebla, con el objetivo de determinar si las bacterias presentes en estas condiciones atmosféricas permanecen inactivas o desarrollan actividad biológica dentro de las diminutas gotas de agua suspendidas en el aire.

El trabajo fue encabezado por Thi Thuong Cao, entonces doctoranda de la ASU, y se concentró en un tipo específico de fenómeno atmosférico conocido como “niebla de radiación”. Según la universidad estadounidense, esta formación ocurre durante noches tranquilas, cuando el suelo pierde calor y el vapor de agua se condensa cerca de la superficie terrestre. Debido a su estabilidad y comportamiento predecible, este tipo de niebla permitió a los investigadores obtener muestras comparables y reducir la influencia de factores externos como las corrientes de viento.

Los resultados revelaron que la niebla constituye un entorno capaz de albergar una importante cantidad de bacterias vivas. Aunque menos del uno por ciento de las gotitas analizadas contenía microorganismos, la enorme cantidad de gotas presentes en un banco de niebla genera una concentración total considerable. De acuerdo con los investigadores, una muestra de agua de niebla equivalente al tamaño de un dedal puede contener alrededor de diez millones de bacterias, lo que evidencia la magnitud de estas comunidades microscópicas presentes en la atmósfera.

UN HÁBITAT MICROSCÓPICO ACTIVO

Las observaciones realizadas mediante microscopía permitieron determinar que las bacterias presentes en la niebla no se encuentran simplemente suspendidas o transportadas por el aire. Los investigadores detectaron signos de crecimiento y reproducción celular, lo que indica actividad biológica dentro de las propias gotitas de agua. Este hallazgo llevó al equipo científico a replantear la función que desempeña la niebla en el ciclo de vida de estos microorganismos.

“Si se suman todas las gotitas, la concentración de bacterias es la misma que en el océano”, explicó Ferran García-Pichel, director del Centro de Biodiseño para la Microbiología de la ASU y coautor del estudio. La comparación pone de relieve la magnitud de las poblaciones bacterianas presentes en estos ambientes atmosféricos y refuerza la idea de que la niebla puede constituir un ecosistema temporal para distintas especies microbianas.

La propia Cao confirmó la actividad observada durante el análisis microscópico. “Las observamos al microscopio y vimos que, efectivamente, las bacterias se hacen más grandes y se dividen, por lo que hay crecimiento”, dijo. A partir de estas evidencias, los investigadores sostienen que las gotas de niebla funcionan como un hábitat capaz de sostener procesos biológicos activos y no únicamente como un medio de dispersión de microorganismos a través de la atmósfera.

Entre las bacterias identificadas, las metilobacterias ocuparon un lugar destacado debido a su capacidad para consumir compuestos simples de carbono. Los experimentos realizados mostraron una reducción significativa del formaldehído, un contaminante atmosférico común, en presencia de estos microorganismos. Según los autores del estudio, estas bacterias podrían utilizar dicho compuesto como fuente de energía y transformarlo en dióxido de carbono, contribuyendo potencialmente a disminuir su concentración en el aire.

IMPLICANCIAS PARA EL MEDIO AMBIENTE Y LA INVESTIGACIÓN ATMOSFÉRICA

Los hallazgos también abren nuevas líneas de análisis relacionadas con las estrategias de captación de agua a partir de la niebla, una alternativa que se estudia en diversas regiones áridas del mundo como respuesta a la escasez hídrica. Los investigadores señalaron que la presencia de comunidades bacterianas activas introduce nuevos elementos a considerar en la evaluación de estas tecnologías y sus posibles efectos sobre los procesos naturales de la atmósfera.

“Si capturamos la niebla, estamos eliminando a nuestros pequeños amigos del aire”, advirtió García-Pichel. “No sabemos si eso va a tener un gran impacto o no, pero deberíamos tenerlo en cuenta”, agregó.

El estudio también plantea interrogantes vinculados al funcionamiento químico de la atmósfera y al posible papel de las bacterias en procesos que continúan desarrollándose durante la noche. “Si las bacterias siguen haciendo lo suyo incluso durante la noche, pueden ser importantes”, señaló el coautor Pierre Herckes.

El investigador añadió además que aún existen numerosos aspectos por comprender acerca de la vida microbiana en las nubes y la niebla. “Es relativamente nuevo que la gente empiece a fijarse en las actividades biológicas en las nubes, así que todavía hay mucho que no entendemos”, reconoció.