La licenciada en Ciencias Sociales y Humanidades, museóloga, diplomada en Pueblos Indígenas e Interculturalidad y maestranda en Sociología Jurídica, Silvia Mercedes Ríos, entrevistada en Historias para Contar, con la conducción de Jacinto Méndez Capurro y la producción de InfoDuarte servicios de comunicación, por LT7 AM 900 e Infodradio 106.3 FM, advirtió que las comunidades indígenas de Corrientes constituyen una continuidad histórica y cultural que se extiende desde el poblamiento precolombino hasta la actualidad, aunque permanezcan escasamente reconocidas en las políticas públicas.
La especialista sostuvo que el conocimiento sobre estos pueblos suele estar condicionado por construcciones ideológicas que los ubican únicamente en el pasado. En ese marco, remarcó que las investigaciones arqueológicas desarrolladas en la provincia demuestran una ocupación humana de aproximadamente 11.400 años antes del presente y que, desde entonces, distintas entidades culturales habitaron el territorio correntino hasta la llegada de los conquistadores españoles.
En ese sentido explicó que el último pueblo indígena con el que tomaron contacto los españoles fue el guaraní, cuya influencia permanece vigente en múltiples aspectos de la identidad provincial. Señaló que esa permanencia no se limita a elementos materiales, sino que se expresa especialmente en el patrimonio cultural inmaterial, en la lengua, las tradiciones, los conocimientos y numerosos apellidos que continúan formando parte de la vida cotidiana de los correntinos.
En esa línea, enfatizó que la herencia guaraní constituye uno de los pilares culturales más importantes de la provincia y continúa presente en amplios sectores de la población.
Ríos destacó que localidades como Loreto, Mburucuyá y General Paz conservan apellidos de origen guaraní que testimonian esa continuidad histórica. Recordó especialmente el caso de María Silvia Chapay, bisnieta del cacique Blas Chapay, considerado el líder de los grupos indígenas que, tras abandonar las antiguas misiones jesuíticas, se establecieron en la actual localidad de Loreto. Explicó que este proceso forma parte de la historia de los pobladores originarios vinculados al sistema del Iberá, aunque aclaró que la presencia indígena se extendió históricamente por amplias regiones del territorio provincial.
El análisis histórico incorporó además el funcionamiento de los distintos sistemas reduccionales establecidos durante la colonización. Ríos explicó que Corrientes albergó tanto las misiones franciscanas instaladas sobre la costa del río Paraná, integradas principalmente por grupos guaicurúes, como las reducciones jesuíticas asentadas sobre el río Uruguay, conformadas por comunidades guaraníes. Esa diversidad étnica y cultural, afirmó, constituye parte fundamental del proceso histórico correntino y permite comprender la complejidad del poblamiento indígena de la región.
PRESENCIA VIGENTE E INVISIBILIZACIÓN

Consultada sobre la situación actual de las comunidades indígenas, Ríos rechazó la idea de que constituyan únicamente un patrimonio del pasado y sostuvo que continúan existiendo comunidades que se reconocen como guaraníes. Sin embargo, advirtió que persiste una fuerte invisibilización institucional. “La cultura indígena y las comunidades indígenas lamentablemente no forman parte de la agenda pública”, afirmó, subrayando que todavía predomina una mirada que las considera exclusivamente como piezas de museo o capítulos cerrados de la historia.
La investigadora sostuvo que, pese a décadas de prohibiciones y procesos de negación cultural, la cultura guaraní logró sobrevivir. Recordó que la lengua sufrió restricciones durante largos períodos y que numerosos aspectos culturales fueron invisibilizados desde distintos ámbitos sociales e incluso educativos. No obstante, remarcó que la transmisión intergeneracional permitió preservar un importante conjunto de conocimientos tradicionales que considera imprescindible proteger y documentar para las generaciones futuras.
En ese contexto explicó que existen comunidades indígenas formalmente reconocidas por el Registro Nacional de Comunidades Indígenas mediante personerías jurídicas específicas previstas por la Ley Nacional 23.302. Precisó que, hasta donde alcanza su conocimiento, tres comunidades correntinas obtuvieron ese reconocimiento: Ñu Puy, ubicada en el departamento de Ituzaingó; Yahaveré; y la comunidad del Ciervo, en el departamento de San Miguel. Señaló que estas personerías constituyen una figura jurídica distinta de la utilizada por asociaciones civiles y fundaciones, ya que reconocen específicamente la identidad comunitaria indígena.
Para Ríos, ese reconocimiento jurídico representa un avance importante, aunque insuficiente para garantizar plenamente los derechos de estas comunidades. Consideró que la existencia de instrumentos legales debe complementarse con políticas públicas permanentes que contemplen la realidad cotidiana de los pueblos originarios y promuevan su participación efectiva en las decisiones que afectan su desarrollo cultural, social y territorial.
DESPLAZAMIENTO TERRITORIAL Y DERECHOS PENDIENTES
Uno de los principales problemas expuestos por la especialista fue el desplazamiento territorial sufrido por numerosas comunidades como consecuencia de la expansión de las fronteras forestales y agrícolas. Explicó que gran parte de la población indígena y campesina fue obligada a abandonar los territorios ocupados ancestralmente, especialmente en el Iberá, aunque también en otras zonas rurales de la provincia. Según indicó, muchos habitantes debieron trasladarse hacia las periferias de pueblos y ciudades, modificando profundamente sus formas de vida.
Ríos sostuvo que estos desplazamientos responden, entre otros factores, a la ausencia de un adecuado ordenamiento territorial y a la falta de reconocimiento efectivo de la ocupación ancestral prevista por la legislación nacional. Señaló que el problema trasciende el simple cambio de residencia, ya que implica abandonar ambientes culturales donde los conocimientos tradicionales poseen sentido para instalarse en espacios urbanos donde esas capacidades dejan de tener utilidad práctica. A su juicio, ese proceso genera una pérdida significativa de patrimonio cultural y saberes acumulados durante generaciones.
La entrevistada también cuestionó la distancia existente entre el marco normativo y su aplicación concreta. Al referirse al artículo 66 de la Constitución de Corrientes, que reconoce derechos de los pueblos originarios y garantiza el respeto por su identidad cultural y formas de organización comunitaria, manifestó que el desafío consiste en convertir esos principios en políticas efectivas. “Llevarlos a los términos de la realidad” e “insertarlos en la agenda pública” constituye, según expresó, una condición indispensable para superar el carácter meramente declarativo de esos derechos.
En esa línea explicó que distintas organizaciones trabajan para revertir esa situación mediante proyectos educativos y acciones de difusión. Indicó que se promovieron iniciativas destinadas a incorporar contenidos sobre culturas indígenas en la formación docente y recordó que la legislación nacional sobre folklore también contempla el derecho de niños y jóvenes a conocer los saberes tradicionales de los pueblos originarios. Sin embargo, sostuvo que esas herramientas aún carecen de una implementación efectiva en la provincia.
LOS MARISCADORES Y LAS TRANSFORMACIONES DEL IBERÁ
Al abordar la realidad de los humedales correntinos, Silvia Mercedes Ríos afirmó que el ecotipo cultural del mariscador continúa existiendo, aunque en una escala mucho menor que décadas atrás. Explicó que técnicamente el mariscador es el “cazador, pescador, horticultor de tierras bajas inundadas” y señaló que todavía permanecen pobladores dedicados a esas actividades tanto en el Iberá como en otros sistemas de humedales.
La investigadora aclaró que existen interpretaciones erróneas según las cuales estos pobladores habrían sido reemplazados por guías turísticos. Si bien reconoció que algunos habitantes desarrollaron nuevas actividades vinculadas al turismo, sostuvo que el modo de vida tradicional continúa presente y conserva rasgos culturales propios que forman parte del patrimonio provincial.
Respecto de las comunidades asentadas en el interior de los humedales, Ríos descartó la existencia de grupos completamente aislados del resto de la sociedad. No obstante, señaló que subsisten poblaciones con enormes dificultades de acceso a centros urbanos, hospitales, escuelas y servicios básicos. Explicó que muchas personas mantienen contactos esporádicos con el exterior, pero enfrentan severos problemas de comunicación y transporte que condicionan su calidad de vida y limitan incluso la comercialización de sus productos.
Asimismo, advirtió que la expansión de las plantaciones de pino y eucalipto, junto con la instalación de tranqueras que restringen las servidumbres de paso, agravó el aislamiento de numerosas familias rurales. Indicó que esa situación dificulta el acceso a servicios esenciales y termina ejerciendo presión para que abandonen definitivamente sus lugares de residencia. A ello se suma, según explicó, el cierre de establecimientos educativos en el interior del Iberá, lo que obliga a muchas familias a trasladar a sus hijos hacia centros urbanos para garantizar su escolarización.
PATRIMONIO CULTURAL Y EVIDENCIAS ARQUEOLÓGICAS
En relación con la organización social indígena contemporánea, Silvia Mercedes Ríos señaló que todavía existen referentes comunitarios reconocidos internamente, aunque aclaró que ya no subsiste la estructura tribal tradicional asociada a la figura del cacique. Explicó que las culturas evolucionan permanentemente y que resulta incorrecto pretender que permanezcan inmóviles. En ese sentido sostuvo que preservar el patrimonio cultural no implica congelar las formas de vida, sino garantizar que puedan continuar desarrollándose sin perder su identidad.
La especialista afirmó que muchas normas destinadas al reconocimiento de comunidades indígenas fueron elaboradas sin contemplar plenamente las realidades socioculturales locales. Sin embargo, destacó que persisten elementos esenciales de la cosmovisión indígena, entre ellos la lengua, las formas de relacionarse, los conocimientos tradicionales y la manera de comprender el entorno, aspectos que constituyen la base de la continuidad cultural de estos pueblos.
Finalmente, Ríos subrayó que la arqueología continúa aportando pruebas materiales de la antigua ocupación humana del territorio correntino. Recordó que, aunque el sistema Iberá ha sido relativamente poco investigado desde esa disciplina, ya fueron hallados restos cerámicos, material lítico y vestigios óseos pertenecientes incluso a culturas anteriores a la guaraní. Esos hallazgos, afirmó, confirman una ocupación ancestral de miles de años y refuerzan la necesidad de preservar tanto el patrimonio arqueológico como la memoria histórica de los pueblos originarios de Corrientes.
