Los jóvenes del NEA reclamaron mayor acompañamiento dentro de sus comunidades y plantearon la necesidad de contar con espacios donde puedan ser escuchados, comprendidos y contenidos frente a las dificultades que atraviesan.
Durante la XLVII Peregrinación Juvenil a Itatí 2026, señalaron que muchos jóvenes necesitan una comunidad cercana, capaz de recibirlos y salir a su encuentro, al tiempo que remarcaron la importancia de que quienes ya forman parte de la Iglesia encuentren allí un lugar de participación efectiva.
“No queremos mirar desde afuera. Queremos ser parte. Queremos ser protagonistas. Queremos sentirnos acompañados”, expresaron, al reclamar una mayor presencia comunitaria y una participación juvenil que no quede limitada a la asistencia.
La necesidad de atender las heridas personales y las situaciones de otros jóvenes ocupó un lugar central entre las preocupaciones expresadas durante la peregrinación.
La escucha, la comprensión y el acompañamiento fueron señalados como respuestas necesarias ante quienes atraviesan momentos de dificultad y necesitan encontrar una comunidad dispuesta a recibirlos. “Y aquellos jóvenes que están dentro de la Iglesia se sientan acompañados, por la comunidad”, señalaron, al plantear una experiencia religiosa basada también en la cercanía y en la presencia cotidiana.
La participación juvenil aparece así como una demanda concreta, acompañada por la intención de construir comunidades capaces de generar espacios de pertenencia.
SUEÑOS DE ESTUDIO, TRABAJO Y FUTURO
Los jóvenes también reclamaron oportunidades para construir sus propios proyectos de vida y expresaron el deseo de contar con condiciones que permitan estudiar, trabajar y acceder a un futuro digno.
Entre sus aspiraciones mencionaron una juventud unida, sin competencias ni divisiones, capaz de reconocerse como parte de una misma comunidad y de caminar detrás de Jesús.
“Soñamos con oportunidades, con un futuro digno, con jóvenes que puedan estudiar, trabajar y construir sus propios caminos”, afirmaron, al colocar las posibilidades de desarrollo personal y colectivo entre las principales expectativas de las nuevas generaciones.
La vida cotidiana atravesada por las pantallas también formó parte de las preocupaciones expresadas por los jóvenes, quienes remarcaron la importancia de preservar el encuentro personal, la empatía, la libertad, la dignidad y el amor.
Frente a las dificultades y a las divisiones, sostuvieron la necesidad de mantener la capacidad de soñar y de fortalecer los vínculos entre quienes integran distintas comunidades. La unidad juvenil aparece como otra de las aspiraciones planteadas, junto con la construcción de relaciones basadas en el reconocimiento mutuo y en la posibilidad de compartir experiencias sin competencias ni enfrentamientos.
SERVIR DESPUÉS DE ITATÍ
El servicio fue señalado como otra de las formas concretas de llevar la fe a la vida cotidiana. Los jóvenes expresaron su voluntad de ayudar dentro de sus familias, comunidades y barrios, mediante acciones que incluyan la escucha, la asistencia y el acompañamiento de otras personas.
“No queremos una fe de palabras. Queremos una fe que se haga vida”, afirmaron, al plantear que las convicciones religiosas deben expresarse también mediante acciones concretas. La propuesta incluye una disposición activa frente a las necesidades de los demás y una participación que exceda los espacios estrictamente religiosos para alcanzar los ámbitos cotidianos donde transcurre la vida comunitaria.
El regreso a las comunidades de origen fue señalado como una continuidad del camino recorrido hasta Itatí. La intención expresada es llevar consigo la esperanza, la experiencia compartida y el compromiso de transformar las convicciones en acciones concretas. “Porque nuestra peregrinación no termina en Itatí. Continúa cuando volvemos a casa y hacemos de nuestra fe, vida”, señalaron.
Con esa perspectiva, los jóvenes del NEA reafirmaron tres prioridades para su camino comunitario, sanar las heridas, sostener los sueños y servir a los demás, bajo una consigna común de fe y esperanza.
“CAMINAMOS CON MARÍA. PARA SANAR. PARA SOÑAR. PARA SERVIR”
Los jóvenes del NEA expresaron durante la peregrinación preocupaciones relacionadas con la falta de acompañamiento, la necesidad de ser escuchados y la búsqueda de mayores oportunidades para estudiar, trabajar y construir un futuro propio.
También reclamaron espacios de participación dentro de sus comunidades y plantearon el servicio como una forma concreta de vivir la fe en las familias, los barrios y los ámbitos comunitarios.
Entre los datos principales se encuentran la realización de la XLVII Peregrinación Juvenil a Itatí 2026 y los tres ejes expresados por los jóvenes, sanar, soñar y servir. Las demandas incluyeron escucha y acompañamiento, participación comunitaria, unidad entre jóvenes, oportunidades educativas y laborales, preservación del encuentro personal y continuidad del compromiso al regresar a las comunidades de origen.
