El jefe del Servicio Penitenciario Provincial, inspector general Guillermo Andrés Sotelo, entrevistado en Historias Para Contar con la conducción de Jacinto Méndez Capurro por LT7 AM 900, InfoDRadio FM 106.3 y 13 Max Televisión, destacó la importancia del trabajo, la educación, la capacitación en oficios y el acompañamiento profesional como herramientas para favorecer la reinserción social de las personas privadas de libertad.
Al conmemorarse el 41.º aniversario de la promulgación de la ley del personal penitenciario, explicó las funciones de la institución, su organización en Corrientes y las intervenciones destinadas a que quienes cumplen una condena puedan regresar a la sociedad con mayores posibilidades de integración. “Y a la sociedad, decirle que trabajamos con esa persona que transitoriamente fue separada para que cuando vuelva, vuelva de la mejor manera posible”, expresó.
UNA INSTITUCIÓN CON MARCO LEGAL Y FUNCIONES ESPECÍFICAS
Sotelo recordó que el proceso de conformación del Servicio Penitenciario Provincial como institución diferenciada comenzó a partir de la profesionalización de su personal. En 1970 egresó el primer oficial de una escuela de formación, un antecedente que impulsó el trabajo para establecer una legislación propia y reglamentos específicos, luego de una etapa en la que el servicio formaba parte de la Policía de la Provincia de Corrientes.
Ese recorrido culminó en 1985 con la promulgación de la ley del personal penitenciario, que otorgó al organismo su jerarquía institucional. En el marco de la conmemoración, el jefe penitenciario destacó la evolución de una estructura que actualmente tiene responsabilidades específicas en materia de custodia, tratamiento y preparación para el regreso a la vida comunitaria.
El funcionario explicó que el organismo tiene a su cargo la custodia y guarda de las personas condenadas por delitos y de aquellas que se encuentran procesadas, dentro de las condiciones establecidas por la legislación vigente.
En ese sentido, señaló que la función penitenciaria no se limita al alojamiento de las personas en establecimientos de detención, sino que comprende un sistema de intervención destinado a favorecer su readaptación y reinserción social. “Hoy penitenciaría es, además del lugar físico, todo un sistema modernamente adaptado para intervenir en esa persona privada de libertad y que puede, como dicen todas las teorías, readaptarse o reinsertarse en la sociedad”, sostuvo.
También indicó que Corrientes se encuentra adherida a la Ley nacional 24.660 de ejecución de la pena privativa de libertad, que incorpora aspectos de las reglas Mandela y constituye uno de los marcos de referencia para el funcionamiento del sistema.
En cuanto a la organización territorial, Sotelo detalló que el Servicio Penitenciario Provincial cuenta con dos unidades penales en Paso de los Libres, una en Goya, una en Saladas, una en San Luis del Palmar y otros establecimientos en el área capital.
Cada unidad dispone de una estructura integrada por director, subdirector, áreas de seguridad interna y externa y un gabinete técnico criminológico, conformado por asistentes sociales, psicólogos, psicólogos sociales y criminólogos. Estos profesionales elaboran programas de tratamiento para las personas privadas de libertad, teniendo en cuenta las características de cada caso y el tiempo de permanencia en el sistema.
El funcionario explicó que, mediante la progresividad del régimen penitenciario, los internos pueden acceder a beneficios previstos por la normativa, entre ellos las salidas transitorias, que permiten sostener vínculos sociales y familiares durante el cumplimiento de la condena.
TRABAJO, CAPACITACIÓN Y REINSERCIÓN SOCIAL
Sotelo identificó el trabajo como uno de los componentes centrales del tratamiento penitenciario, tanto para quienes ingresan con conocimientos previos como para aquellos que necesitan aprender un oficio. Entre las actividades que se desarrollan en las unidades mencionó los talleres de carpintería y herrería, la horticultura, las tareas de ganadería en la granja Yatay y la elaboración de artesanías y manualidades.
El jefe penitenciario estas propuestas buscan brindar herramientas prácticas que puedan utilizarse después de recuperar la libertad. Como ejemplo, relató el caso de personas que aprendieron tareas vinculadas con la ganadería durante su permanencia en la granja y que, una vez cumplida la pena, consiguieron incorporarse laboralmente a una sociedad rural del interior de la provincia.
El jefe penitenciario también recordó el funcionamiento de la imprenta del Estado, que anteriormente operaba en el predio de la Unidad Penal número uno, sobre la avenida 3 de Abril, donde llegaron a trabajar 20 internos. Explicó que, cuando el Gobierno provincial dispuso la construcción de la nueva Unidad Penal número uno y el traslado de los alojados, la imprenta no fue trasladada y actualmente busca un espacio para volver a funcionar. Al referirse a los resultados de las actividades laborales, Sotelo afirmó que el organismo registra “prácticamente cero nivel de reincidencia”.
En ese marco, sostuvo que la capacitación permite que personas que no contaban con conocimientos específicos desarrollen habilidades y encuentren oportunidades de trabajo al egresar del sistema penitenciario.
Las actividades culturales también forman parte de las estrategias de intervención que describió Sotelo. Durante el mes de conmemoración del personal penitenciario se realizaron distintos encuentros, entre ellos una exposición cultural en la que se exhibieron trabajos elaborados por internos de las diferentes unidades.
En Paso de los Libres, además, se organizó una muestra en la plaza central, donde personas privadas de libertad participaron mediante salidas transitorias autorizadas por la jueza de ejecución. La experiencia les permitió exhibir y vender sus producciones, además de compartir un espacio de interacción con la comunidad.
El funcionario agregó que el servicio dispone de una banda de música propia, reconocida por la sociedad y convocada para distintas actividades, y que también organiza propuestas deportivas y culturales, como las presentaciones del chamamé inclusivo que recorren las unidades durante la Fiesta Nacional del Chamamé.
Sotelo también destacó el programa Espartanos de rugby, implementado a través del Gobierno de la Provincia de Corrientes con la participación voluntaria de personas privadas de libertad. Cabe remarcar que los clubes Taragüí, Aranduroga y San Patricio aportaron entrenadores que enseñaron las reglas y la práctica de ese deporte, con entrenamientos compartidos en las canchas de las instituciones y actividades dentro de la Unidad Penal número uno.
El jefe penitenciario relató que una persona que recuperó la libertad después de participar en el programa se incorporó al Club Taragüí y llegó a viajar con el equipo, mientras que otros exinternos se vincularon con San Patricio y Aranduroga. Sotelo destacó el aporte de estas experiencias para demostrar que el regreso a la sociedad puede acompañarse mediante oportunidades concretas de participación y pertenencia.
ATENCIÓN INTEGRAL Y ORGANIZACIÓN DE LAS UNIDADES
Sotelo explicó que la atención sanitaria está contemplada en todos los establecimientos penitenciarios, que cuentan con servicios de enfermería y médicos. Algunas unidades disponen, además, de espacios para internaciones provisionales, destinados a personas que requieren atención específica y deben permanecer separadas temporalmente de su lugar de alojamiento habitual.
Cuando las necesidades médicas lo requieren, el servicio articula la atención con hospitales de la capital y del interior provincial. El funcionario indicó que la distribución de las personas alojadas contempla inicialmente la división por sexo y posteriormente por edad, debido a que el organismo también tiene bajo su responsabilidad un centro de contención para adolescentes de entre 14 y 18 años, ubicado en el predio de la Unidad Penal número seis, en San Cayetano.
Al describir la distribución de los establecimientos según la situación procesal, Sotelo identificó a la Unidad Penal número uno como un establecimiento para condenados y a la Unidad Penal número cuatro, conocida como granja Yatay, como un espacio donde pueden acceder a un régimen de autodisciplina.
También mencionó la Unidad Penal número ocho de Goya, que alberga condenados y procesados; la Unidad Penal número nueve de Paso de los Libres, destinada a condenados; la Unidad Penal número 11 de esa misma ciudad, para procesados; la Unidad Penal número 12 de Saladas, también para procesados, y la Unidad Penal número siete de San Luis del Palmar, destinada a condenados.
En materia de condiciones de alojamiento, señaló que todas las unidades tienen horarios establecidos para las visitas familiares, durante las cuales se permite ingresar alimentos y bebidas para compartir, y que la pastoral penitenciaria de la Iglesia Católica y distintas iglesias evangélicas concurren para desarrollar actividades religiosas.
Respecto del Instituto Pelletier, Sotelo informó que el establecimiento pasó a depender del Servicio Penitenciario Provincial hace aproximadamente dos años y medio, luego de que la hermana Irene, vinculada a la congregación del Buen Pastor, se acogiera al beneficio de la jubilación.
A partir de ese cambio se designó a la primera directora de la Unidad Penal número tres, que aloja a mujeres condenadas y procesadas y registra un total de 50 internas, todas mayores de edad. El establecimiento cuenta con médicos, psicólogos y psiquiatras, ofrece capacitación en peluquería y cocina y permite que algunas internas cursen tecnicaturas en modalidad virtual. La educación primaria y secundaria es obligatoria, mientras que la continuidad en estudios superiores incluye la posibilidad de realizar tecnicaturas o carreras universitarias.
Sotelo agregó que las madres pueden permanecer con sus hijos hasta los tres años de edad, aunque actualmente no se registran casos. Al cerrar, agradeció el compromiso y la responsabilidad del personal penitenciario, al considerar que el trabajo cotidiano de los agentes constituye una condición indispensable para sostener las tareas de custodia, tratamiento y reinserción.
