El profesor de música, músico y compositor Eduardo Javier Larrosa repasó en “Historias para contar”, programa conducido por Rubén Duarte junto a Inés Bobadilla y Jacinto Méndez Capurro, emitido por LT7 Radio Provincia de Corrientes AM 900 en simultáneo con InfoD Radio FM 106.3, su trayectoria vinculada al folklore.
Contó que su relación con la música comenzó en la infancia, en el ámbito familiar, y que en 1989 inició sus estudios de guitarra junto con su hermana María Elena. Desde entonces desarrolló una trayectoria que combinó la docencia, la composición y la interpretación, con talleres que comenzó a dictar durante su adolescencia y una primera obra, el chamamé “Camino a Federal”.
Radicado en Corrientes desde 2010, trabaja con guitarra, acordeón y bandoneón y compone material didáctico para sus alumnos en distintos géneros del folklore argentino.
Larrosa también recordó su participación en el Festival de Guitarra Clásica y Guitarras del Mundo, así como su encuentro con la guitarrista Berta Rojas.
Además, explicó el trabajo de investigación de grado que realiza junto con su esposa sobre el chamamé de Paquito Aranda en formación de cuarteto, a partir de la escucha y transcripción de sus obras, con la tutoría de Susana Piñeiro y una defensa prevista para noviembre en la Universidad de Oberá, Misiones.
Larrosa resaltó su vínculo personal con Aranda, a quien definió como uno de los grandes referentes e innovadores del chamamé correntino, y subrayó el deber de generar espacios específicos para favorecer la participación de nuevos valores locales en la Fiesta Nacional del Chamamé.
– Doy la bienvenida a nuestro invitado de esta tarde, el profesor Eduardo Javier La Rosa, músico y compositor, que nos visita aquí, en LT7 Radio Provincia de Corrientes AM 900. Estamos en simultáneo con InfoDRadio FM 106.3. Profesor Eduardo Javier Larrosa. Bienvenido. Buenas tardes.
– Buenas tardes. Un gusto estar aquí. Estoy muy agradecido por la invitación a su prestigioso programa. Qué mejor para quienes amamos nuestro folklore nacional que estar aquí, precisamente en el Día del Folklore.
– ¿Qué lo une a usted con la música? Usted es profesor de música, además de músico y compositor, algo muy importante.
– Exactamente. Desde muy chico me une el folklore a la música. Desde muy temprana edad recuerdo que en mi casa se escuchaba mucho folklore. Chamamé, zambas, chacareras y folclore de distintas partes de nuestro país. Fue así que, junto con mi hermana menor, María Elena, que es cuatro años menor que yo, insistimos tanto a nuestros padres hasta que finalmente llegó la preciada guitarra, allá por el año 1989. Entonces nos enviaron a estudiar y ahí comenzó el camino que sigo en lo personal. Mi hermana se dedicó a otra actividad, pero a mí la música me llevó también a la docencia. Era algo que evidentemente estaba presente en mí porque, apenas comencé a aprender, sentía la necesidad de compartir con otros, especialmente con chicos menores que yo, en la escuela. Así fui ayudando a generar talleres cuando tenía 17 o 18 años. A temprana edad también compuse mi primer tema, un chamamé llamado Camino a Federal. Vivía en Entre Ríos, en San José, frente a lo que es la República Oriental del Uruguay, en Paysandú. Allí compuse mi primera canción. Me inspiraron las curvas del camino, que me llamaron la atención. No me considero un gran poeta, honestamente, en comparación con quienes sí lo son. Mis letras son, más que nada, descriptivas. Veo algo y describo ese paisaje, una persona o determinada situación.
– San José es el pueblo de Urquiza.
– Exactamente. Sí, claro, fue fundado por Urquiza.
– Allí está la casa histórica.
– Está a unos 60 kilómetros más al norte de la casa histórica. Eso está más cerca de Concepción del Uruguay, donde, además, estudié y me formé musicalmente en la Escuela Celia Torrá.
– Concepción del Uruguay es provincia de Entre Ríos, no es del Uruguay.
– Claro. Muchos se han confundido. Cuando yo decía “el Uruguay”, era una costumbre de los lugareños, pero se trata de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos.
– Me imagino que habrá visitado la casa de Urquiza.
– Sí. Con la escuela la visitamos y, después, cuando fui más grande, también. Son monumentos históricos que hacen a nuestra provincia y a quienes somos entrerrianos.
– Haciendo un paréntesis en el Día del Folklore para hablar de historia argentina, ¿qué se ve en la casa de Urquiza? ¿Hay algo que le haya quedado particularmente de lo que pudo observar?
– Lo que más me impresionó en su momento fue lo que nos relataban los guías, las personas que nos mostraban el lugar. Nos explicaban el sitio donde falleció Urquiza, donde lo mataron. Estaba descansando cuando fue atacado por la espalda y todavía se observaba una mancha de sangre, aunque evidentemente borrosa por el paso del tiempo.
– ¿Las marcas de las manos?
– También. Están allí, en el suelo de la casa histórica. También estaba el lago que había hecho construir, además de todo lo relacionado con su vajilla y otros elementos. Uno puede imaginar el mármol y todo el poderío de aquella época. Trata de imaginar cómo era ese lugar, que no podía ser una construcción cualquiera, sino un sitio que fue visitado por personajes de la época, como Sarmiento.
– Sarmiento también estuvo.
-Sí.
Una vida dedicada al folklore, la docencia y la investigación musical

– Volviendo a usted, ¿cómo es que siendo entrerriano se inclina más por el chamamé que por la chamarrita?
– El chamamé, como le decía al principio, siempre estuvo presente porque lo escuchábamos en mi casa. Había discos de Paquito Aranda, por ejemplo, a quien tuve el gusto de conocer y con quien llegué a tener una amistad. Nunca hubiera imaginado conocerlo personalmente después de verlo en los discos. El chamamé siempre estuvo presente para mí. Es una música que me llegó desde muy chico. También hago chamarritas y traje algunas composiciones para compartir. Las escribo para que queden y puedan ser compartidas con mis alumnos. Pero el chamamé tiene un peso especial. No sé exactamente por qué, pero encuentro más recursos en esa música.
– Se identifica más con el chamamé.
– Sí.
– El profesor trajo un par de cuadernos de trabajo con partituras. Son fascículos encuadernados con sus composiciones, ¿verdad?
– Sí. Son obras didácticas para compartir y transmitir a mis alumnos, en este caso con creaciones propias. Para resumir brevemente, hay obras graduadas para primer y segundo año y otras destinadas a alumnos de niveles más avanzados. Además, aprovechando el Día del Folklore, hay que destacar que todas son obras folclóricas. Encontramos chacareras, chamamés, chamarritas, gatos y diferentes expresiones del folklore argentino. Desde mi niñez siempre escuché folklore en general y también del Uruguay, porque somos países vecinos. Allí existe también la chamarra, que tiene relación con la chamarrita. En todos los lugares la música adquiere características propias. A veces se habla de gato correntino, que se bailaba aquí y se fue perdiendo, o de gato cordobés y gato cuyano. Cada denominación responde a la zona donde se practica y se rescata. Tienen características particulares en el ritmo y pueden variar algunos aspectos, pero la esencia del gato permanece. Yo no soy bailarín, pero, al observar las coreografías, se puede ver que se agregan o se quitan compases. En definitiva, la esencia está. La música adquiere características propias, como las personas. Uno va de una provincia a otra y encuentra diferentes regionalismos. Eso es lo rico del folklore de cada pueblo.
– ¿Usted ha trabajado con ballet también?
– He acompañado en alguna oportunidad, aunque no fueron trabajos permanentes. Por ejemplo, en el Instituto de Música de Corrientes, que hace algunos años creó el profesorado de danza, tuve la oportunidad de tocar música en vivo. Hablamos con los profesores y, como me gusta compartir y hacer las cosas en vivo, considero que teniendo una guitarra, un acordeón o un bandoneón, y sabiendo tocar, no hay mejor manera de acompañar el baile. La música también puede ser espontánea en el momento.
– ¿Cuántos años hace que usted está en Corrientes?
– Estoy en Corrientes desde 2010. Vine a trabajar, me quedé e hice mi familia acá. Tengo dos hijos que también sienten interés por la música.
– Y les gusta.
– Sí. Mi señora también es música. Es violinista de la Orquesta Sinfónica de Corrientes.
– ¿Cómo se llama?
– Gisela Meza Bubenik. También está en el disco que ahora vamos a compartir y comentar. Canta, es directora de coro y violinista. Eso también nos une: el amor por la música.
El rescate del chamamé y el legado musical de Paquito Aranda
– Le tocó, como a Paquito Aranda, conocer o tocar con algún famoso o algún personaje del folklore.
– Sí, tuve la suerte y la fortuna de conocer a mucha gente. Hace ya 12 años generé el Festival de Guitarra Clásica, porque la guitarra es uno de mis instrumentos principales. En 2018 invité a la guitarrista Berta Rojas, reconocida internacionalmente, que reside en Estados Unidos, en Boston, y trabaja en la Universidad de Berklee. La había conocido en Los Cocos en 2009; fui alumno suyo y tomé clases con ella. De allí surgió la idea de replicar ese tipo de experiencia. Con mucho esfuerzo, año tras año, fuimos realizando el festival. Cuando Berta Rojas vino, hicimos una amistad. Después del curso, que duró tres días, me dijo: “Quiero que toquemos algo juntos”. Yo le dije: “Pero si no practicamos”. Ya me temblaban las piernas porque imagínese tamaña artista diciéndole algo así. Me lo dijo con mucha humildad y sinceridad. Me contó que su padre era correntino y que quería que tocáramos Kilómetro 11. También quería que improvisáramos “Danza paraguaya”. “Danza paraguaya” es una obra del gran guitarrista Agustín Barrios. Ya que hablamos de historia, tengo entendido que sus restos descansan en Bella Vista, porque trabajo allí en el cementerio de Bella Vista. De alguna forma, Agustín Barrios también tiene un vínculo con Corrientes. Es el famoso Mangoré, de quien todo el mundo habla. Después de que John Williams grabara una de sus piezas, su obra alcanzó reconocimiento internacional. Tocamos esas dos piezas juntos y creo que existe algún registro fotográfico que le habré pasado. Fue en el Instituto de Música, en el auditorio. La experiencia fue muy linda. También conocí a Ireneo Barrios. No tocamos juntos, pero tuve la oportunidad de conocer a uno de los grandes referentes de nuestro chamamé. También recibimos a un cuarteto de guitarras llamado Increyendo, que vino al Teatro Vera. Tocamos música de Piazzolla. Yo también toco acordeón y bandoneón, y siempre trato de aportar humildemente lo que sé y hacer lo mejor posible.
– Había un concierto anual que llegaba al Vera todos los años, que se llamaba Guitarras del Mundo.
– Sí. Participé en 2014 y 2015. Participé en el Vera.
– Era un espectáculo sensacional.
– Sí, impresionante. Cuando estuve, había un guitarrista mendocino cuyo nombre no recuerdo, que residía en el extranjero. También participaron las Guitarras de Curuzú y yo como representante local de ese año. En otros años participaron otras personas. Es fantástico porque vienen guitarristas de todas partes del mundo, como indica su nombre. El festival es dirigido por Juan Falú, sobrino de Eduardo Falú. Es un gran evento que reúne a todos los que amamos la guitarra, ese instrumento de seis cuerdas, aunque actualmente también existen guitarras de siete y ocho cuerdas.
– Usted está trabajando en una obra relacionada con Paquito Aranda, me decía.
– Exactamente. Mi señora y yo estamos haciendo una tesis de grado cuyo foco está centrado en el chamamé al estilo de Paquito Aranda, en la formación de cuarteto. Nos basamos en ese aspecto y hacemos foco allí. Paquito tuvo el famoso dúo Pérez-Gamarra y otros dúos, pero nosotros no abordamos esa parte. Simplemente investigamos mediante un trabajo de escucha, desgrabación y elaboración de partituras, como las que mostraba en mis libros. Escuchamos todo y escribimos las partituras a oído. Cuando se reproduce la música, no siempre suena exactamente igual por las características de los sonidos, pero sí quedan reflejados los arreglos, las contestaciones, los dúos, la guitarra, el acordeón y el bandoneón. Es un trabajo muy importante. Aprendí muchísimo y estamos esperando la corrección correspondiente y la aprobación. Consideramos que está bien realizado, desde nuestra perspectiva y con el acompañamiento de la profesora responsable, Susana Piñeiro, que amablemente aceptó ser nuestra tutora. El trabajo se realiza en la Universidad de Oberá, Misiones. Si todo está bien, en noviembre tendríamos que ir a defenderlo y, por supuesto, queremos presentarlo públicamente. La idea es editar ese material para que quede como un aporte y siente las bases para que algún investigador o alguien interesado en Paquito Aranda pueda encontrar allí una referencia. Es un trabajo resumido que constituye nuestro aporte desde el lugar que ocupamos.
– La trayectoria de Paquito es muy extensa. Recuerdo que en la década del 70 se lo podía ver en programas de televisión donde el chamamé incursionaba en Buenos Aires. Particularmente, lo veía en un programa de Guilermo “El Negro” Brizuela Méndez. La televisión todavía era muy precaria y en blanco y negro, pero Paquito Aranda ya estaba representando a Corrientes.
– Totalmente. Paquito, si bien tenemos otros referentes como Cocomarola, Montiel, Isaco Abitbol y Tarragó Ros, es uno de los pocos grandes referentes que quedan de lo que ha dado Corrientes. Cocomarola es un referente fundamental y actualmente también está Balmaceda, pero Paquito es uno de los grandes e innovadores que ha dado Corrientes. Volviendo a la tesis, uno parece que hasta que no se mete en el fondo de una cuestión no dimensiona su complejidad. Cuando empecé a investigar me preguntaba de dónde sacaba determinadas ideas. Era muy complejo lo que hacía. El acompañamiento de las guitarras y del acordeón no era sencillo. Había todo un trabajo detrás, una concepción estratégica de cómo quería que sonara. Él mismo me cuenta esas cosas porque tenemos una amistad. Hoy tendría que haber estado con él. No por un contrato, sino por amistad. Suelo ir a tomar mate, tocar el bandoneón o la guitarra, pero esta vez no pude porque tenía otro compromiso.
– ¿Dónde está actualmente?
– Vive pasando el viejo shopping, aproximadamente por allí, a mano derecha. Está muy bien, gracias a Dios. Tiene 90 años, pero parece un joven. Me recibe, prepara el mate y es un privilegio que tengamos aquí la historia viviente de un gran músico y, sobre todo, de una gran persona. Investigando encontré trabajos realizados sobre Cocomarola y otros referentes. Entonces pensé que, teniendo una amistad con Paquito Aranda, qué mejor que poner en valor su trabajo.
– ¿Tiene alguna anécdota relacionada con la música? Algo que le haya sucedido, como olvidarse la letra o la partitura, o que se le haya cortado una cuerda de la guitarra.
– Sí, tengo muchas anécdotas. Por ejemplo, hablando de una cuerda de guitarra, hice mi carrera en Concepción del Uruguay. Como todo estudiante, en algún momento formé grupos. Toqué cumbia, rock y diferentes géneros durante mi juventud, cuando tenía 17 o 18 años. Una vez se me cortó una cuerda y justamente el punteado, como se dice vulgarmente, el solo de guitarra, involucraba principalmente la primera cuerda. Tuve que arreglarme para salir adelante. Eso es algo que nadie te enseña y que les digo a mis alumnos: hay momentos en los que tenés que improvisar. Son cosas que pasan y que uno no espera. Tuve que arreglármelas para que la introducción sonara como tenía que sonar. No podía simplemente decir: “Esperen que cambio la cuerda y vuelvo”.
– ¿Y algún alumno suyo que haya trascendido y se haya profesionalizado en el ámbito de la música?
– Hay algunos alumnos. Por ejemplo, una chica llamada Florencia Sandoval, que tal vez la ubica. Es autora y compositora y, según tengo entendido, actualmente vive en Rosario, aunque va y viene. También están algunos chicos que fueron alumnos míos en el Instituto de Música y que posteriormente se formaron como profesores. No lo digo para atribuirme ningún mérito, porque ellos ya traían mucho conocimiento y condiciones innatas para hacer música. La formación, sin duda, los ayudó. Esos tres fueron alumnos míos: Belén, José Víctor y Tato Ramírez.
– Ya tenemos que ir terminando nuestro encuentro. Ahora le vamos a pedir que nos haga escuchar alguna composición, algún breve popurrí antes de despedirnos. ¿Qué idea o aporte tiene usted para la Fiesta del Chamamé? ¿Qué le pondría o qué le sacaría?
– No sé qué decirle en ese caso. Creo que habría que darle más espacio a los artistas locales. No digo que actualmente no se les dé, pero hay muchos grupos y muchos jóvenes con talento y valores nuevos. Ya que hablamos de un aporte, teniendo tantos escenarios, sin dejar de lado el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, podría generarse otro espacio, previo o durante la fiesta, donde tengan lugar esos nuevos valores. Eso es importante. Yo no haría que un chico que recién comienza pase directamente a un escenario principal. Es mi forma de verlo y lo digo humildemente. Considero que en el escenario deben estar los artistas consagrados y que debería existir una alternativa para que los nuevos valores puedan mostrarse adecuadamente.
– Y que haya una alternativa.
– Claro, para que esos nuevos valores puedan ser vistos y tengan una oportunidad. Muchas veces se presentan temprano, cuando todavía hay poca gente. Es una opinión personal y la expreso con humildad.
