La situación humanitaria en Sudán se consolidó a lo largo de 2025 como la peor crisis del año a nivel global, en un contexto marcado por la continuidad de los combates, el colapso institucional y una atención internacional limitada.
Según una encuesta realizada entre 22 organizaciones humanitarias internacionales, la guerra en curso en el país africano fue considerada la crisis mundial más ignorada de 2025, al tiempo que Sudán encabezó el listado de “Las 10 crisis que el mundo no puede ignorar en 2026”, elaborado por el Comité Internacional de Rescate.
Este diagnóstico coincide con evaluaciones de organismos de Naciones Unidas que advierten sobre un escenario sin perspectivas de mejora si no se incrementa de manera sustancial la presión internacional y la asistencia humanitaria.
El deterioro actual se inscribe en un conflicto iniciado en abril de 2023, cuando los generales de las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), de carácter paramilitar, se enfrentaron por la integración de estas últimas en el ejército nacional.
Desde entonces, la violencia se extendió a gran parte del territorio sudanés, afectando a un país con abundantes recursos naturales, como petróleo y oro, y vastas tierras agrícolas. La combinación de enfrentamientos armados, desplazamientos masivos y destrucción de infraestructuras llevó a que la ONU y diversas organizaciones humanitarias definan a Sudán como la mayor crisis humanitaria y de desplazamiento del mundo.
De acuerdo con estimaciones de Naciones Unidas, alrededor de 14 millones de personas permanecen desplazadas dentro de Sudán o en países vecinos, mientras que el número de muertos oscila entre 40.000 y 250.000. La falta de cifras más precisas se explica por la continuidad de los combates, las restricciones a las comunicaciones por Internet y satélite, y la retirada de numerosas organizaciones humanitarias y observadores internacionales.
En este contexto, el director humanitario de Save the Children, Abdurahman Sharif, afirmó en un comunicado que “la crisis de Sudán debería ser noticia de primera plana todos los días”, subrayando la magnitud del drama humanitario.
KORDOFÁN Y LA EMERGENCIA ALIMENTARIA
Durante los últimos meses, los enfrentamientos entre las SAF y las FAR se intensificaron en la región de Kordofán, que se ha convertido en un nuevo punto caliente del conflicto. En esta zona, el ejército sudanés mantiene el control de varias ciudades que permanecen rodeadas por la milicia paramilitar, lo que agrava el aislamiento de la población civil.
Kordofán reviste una importancia estratégica, ya que constituye el último territorio que separa las áreas controladas por el ejército en el norte y el centro del país, incluida la capital Jartum, de las zonas bajo dominio de las FAR en Darfur y partes del sur.
La escalada de violencia en la región fue confirmada por Jan Sebastian Friedrich-Rust, director ejecutivo de la sección alemana de la ONG Acción contra el Hambre, quien señaló que “recientemente, la violencia en Kordofán se ha intensificado de forma dramática”.
El directivo explicó que el asedio de comunidades como Dilling y Kadugli, en Kordofán del Sur, está bloqueando el acceso a la ayuda humanitaria esencial, dejando a la población sin alimentos ni medicamentos. Según precisó, “el asedio de las comunidades de Dilling y Kadugli está bloqueando el acceso a la ayuda humanitaria vital”.
La emergencia alimentaria se refleja también en datos recientes de la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), que a mediados de diciembre estimó que 21,2 millones de personas, casi la mitad de la población de Sudán, enfrentan una grave inseguridad alimentaria.
Friedrich-Rust advirtió que “ya se ha declarado la hambruna en El Fasher y Kadugli (en Darfur), y otras 20 localidades de Darfur y Kordofán corren un grave riesgo de hambruna para enero de 2026”. Este panorama podría agravarse luego de que el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas anunciara que, a partir de enero, reducirá las raciones al “mínimo absoluto para la supervivencia” debido a la falta de financiamiento.
CIVILES, VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS Y RESPUESTA INTERNACIONAL
Las consecuencias del conflicto recaen de manera directa sobre la población civil, especialmente en Kordofán, donde miles de personas se vieron obligadas a huir, mientras quienes permanecen en la región enfrentan condiciones extremas de hambre. Friedrich-Rust expresó su preocupación ante la posibilidad de que Kordofán se convierta en un segundo El Fasher, escenario de atrocidades masivas cometidas por las FAR durante su toma del poder en noviembre.
Este temor se ve respaldado por informes independientes que documentan violaciones sistemáticas de los derechos humanos.El Laboratorio de Investigación Humanitaria de la Universidad de Yale, que monitorea atrocidades mediante imágenes satelitales, advirtió que las milicias de las FAR “destruyeron y ocultaron las pruebas de sus asesinatos masivos generalizados”.
De los 150 grupos de objetos compatibles con restos humanos identificados inicialmente, casi 60 ya no son visibles, mientras que se detectaron alteraciones del terreno en zonas cercanas a los lugares de las matanzas.
A su vez, Philippe Dam, director de defensa de Human Rights Watch en la Unión Europea, sostuvo que “la realidad es que ambas partes en el conflicto y sus aliados no solo no han protegido a los civiles, sino que los ataques contra ellos son el núcleo de su guerra”.Dam señaló además que, si bien la mayoría de los actos de violencia sexual, los ataques a hospitales y trabajadores humanitarios y el uso de armas explosivas en zonas densamente pobladas son atribuidos a las FAR, las SAF también cometen violaciones graves contra la población civil.
Entre ellas, mencionó detenciones masivas y arbitrarias de personas sospechadas de colaborar con las FAR, que incluyen a trabajadores humanitarios. “También hemos recibido informes de numerosas muertes en prisiones gestionadas por las SAF y estamos viendo reaparecer las condenas a muerte”, advirtió.
En este contexto, reclamó una mayor implicación de la Unión Europea, que en diciembre inició un puente aéreo de 100 toneladas de ayuda a Darfur, una iniciativa que, según Friedrich-Rust, resulta insuficiente frente a una crisis para la cual solo se ha cubierto el 35 % de los recursos financieros necesarios.
