El gobierno de Pakistán anunció la implementación de transporte público gratuito en la capital del país y en sus provincias más densamente pobladas como respuesta a la reciente crisis energética, marcada por un fuerte incremento en los precios del combustible.
La medida, comunicada oficialmente el viernes por autoridades nacionales, se inscribe en un contexto de tensión social y económica derivado del encarecimiento del petróleo, fenómeno asociado a la inestabilidad generada por la guerra en Oriente Medio, que ha impactado en los mercados internacionales.
Según precisaron fuentes gubernamentales, el beneficio alcanzará al transporte público estatal y tendrá una duración inicial de treinta días. La decisión busca aliviar el costo de movilidad de la población, especialmente en los sectores más afectados por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
El aumento del combustible ha repercutido directamente en la estructura de costos del transporte, generando presiones tanto sobre los usuarios como sobre los operadores del sistema.
El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, fue el encargado de formalizar el anuncio a través de redes sociales, donde detalló el alcance inmediato de la medida. “Todo el transporte público en Islamabad será gratuito para el público en general durante los próximos 30 días, a partir de mañana (sábado)”, escribió el funcionario, confirmando la entrada en vigencia del esquema de gratuidad desde el inicio del fin de semana.
IMPACTO SOCIAL Y RESPUESTA A LAS PROTESTAS
La iniciativa se produce luego de una serie de protestas callejeras registradas en distintos puntos del país, donde ciudadanos manifestaron su descontento por el aumento del 42,7% en el precio del combustible, que alcanzó los 1,74 dólares por litro. Este incremento generó además extensas filas en estaciones de servicio, reflejando tanto la preocupación por el abastecimiento como la presión sobre el consumo cotidiano.
El encarecimiento del combustible no solo impacta en el transporte particular, sino que también incide en la cadena de distribución de bienes y servicios, agravando el contexto inflacionario. En este escenario, la gratuidad del transporte público se presenta como una herramienta de contención social, orientada a reducir tensiones y garantizar el acceso a la movilidad en un momento de alta incertidumbre económica.
Fuentes oficiales indicaron que la medida podría ser evaluada y eventualmente extendida en función de la evolución de los precios internacionales de la energía y de la situación interna del país. Mientras tanto, el gobierno busca equilibrar la presión social con respuestas inmediatas, en un contexto donde la crisis energética adquiere dimensiones estructurales.
