Chile enfrenta una nueva tragedia ambiental tras una serie de incendios forestales que dejaron al menos 16 personas fallecidas en el sur del país, en un contexto marcado por condiciones climáticas extremas propias del verano austral. Las llamas comenzaron la tarde del sábado y se propagaron con rapidez durante la madrugada, favorecidas por altas temperaturas y fuertes vientos, lo que provocó la destrucción de varias poblaciones y obligó a una respuesta inmediata de las autoridades nacionales y regionales.
Ante la magnitud del desastre, el gobierno chileno decretó este domingo 18 de enero de 2026 el “estado de catástrofe en las regiones de Ñuble y Biobío”, una medida excepcional que permite concentrar recursos y adoptar decisiones extraordinarias para enfrentar la emergencia. El anuncio fue realizado por el presidente Gabriel Boric, quien subrayó la gravedad de la situación y la necesidad de una intervención integral del Estado para contener el avance del fuego y asistir a las comunidades afectadas.
“Ante los graves incendios en curso he decidido declarar estado de catástrofe en las regiones de Ñuble y Biobío. Todos los recursos están disponibles”, expresó Boric en la red social X. La declaración implica, entre otras atribuciones, que las Fuerzas Armadas asuman el control de determinadas funciones en las zonas afectadas, con el objetivo de reforzar las tareas de evacuación, resguardo y coordinación logística frente a la emergencia.
Las autoridades informaron que los incendios avanzaron de forma descontrolada durante varias horas, afectando áreas rurales y urbanas, y generando un escenario de alta complejidad operativa. La rápida propagación del fuego obligó a desplegar brigadas terrestres, medios aéreos y personal de seguridad, en un esfuerzo conjunto para evitar un mayor número de víctimas y reducir los daños materiales en regiones densamente pobladas.
EVACUACIONES, IMPACTO HUMANO Y ANTECEDENTES
Como consecuencia directa del avance de las llamas, más de 50.000 personas debieron ser evacuadas en las regiones de Ñuble y Biobío, ubicadas a unos 500 kilómetros al sur de Santiago. El ministro de Seguridad, Luis Cordero, confirmó la magnitud del desplazamiento preventivo de la población y destacó que las evacuaciones se realizaron para resguardar vidas ante el riesgo inminente que representaban los focos activos.
Desde el Ministerio del Interior se advirtió sobre la complejidad del escenario que enfrenta el país. “Estamos enfrentando un cuadro complejo”, señalaron las autoridades, al tiempo que remarcaron que las condiciones meteorológicas adversas dificultan las tareas de control y extinción de los incendios, incrementando la presión sobre los equipos de emergencia desplegados en el territorio.
Los incendios forestales se han convertido en un fenómeno recurrente y de alto impacto en Chile durante los últimos años, especialmente en la zona centro-sur. La combinación de sequías prolongadas, olas de calor y vientos intensos ha generado un entorno propicio para la propagación rápida del fuego, con consecuencias cada vez más graves para las comunidades, la infraestructura y los ecosistemas locales.
Un antecedente reciente que permanece en la memoria colectiva es el ocurrido el 2 de febrero de 2024, cuando varios incendios se desataron de manera simultánea en los alrededores de la ciudad de Viña del Mar, a unos 110 kilómetros al noroeste de Santiago. Aquel siniestro dejó un saldo de 138 muertos, según datos actualizados de la fiscalía, y evidenció la vulnerabilidad del país frente a este tipo de catástrofes naturales.
