La expansión de la inteligencia artificial generativa transformó de manera acelerada las dinámicas culturales, académicas y laborales en todo el mundo, y el sistema educativo aparece como uno de los espacios más atravesados por este fenómeno. En ese contexto, la investigadora y especialista en tecnología educativa Mariana Maggio analizó el impacto de estas herramientas durante una edición especial de Radio UNNE dedicada a la inteligencia artificial. Allí sostuvo que la discusión actual ya no puede centrarse únicamente en prohibir o permitir el uso de estas plataformas, sino en comprender cómo modifican las formas de aprender, enseñar y producir conocimiento en las aulas contemporáneas.
La especialista explicó que la irrupción de la inteligencia artificial generativa no debe entenderse como una innovación aislada, sino como un cambio cultural de enorme profundidad que alteró las relaciones de las personas con la información y el conocimiento. En apenas unos años, aplicaciones capaces de redactar textos, responder preguntas o sintetizar contenidos comenzaron a incorporarse de forma natural a la vida cotidiana de millones de usuarios, especialmente entre niños y jóvenes. Frente a esta realidad, Maggio advirtió que el sistema educativo se encuentra ante un escenario inédito, debido a que los estudiantes llegan a las aulas con herramientas que resuelven tareas en segundos y modifican las lógicas tradicionales del aprendizaje.
Durante la entrevista, la investigadora afirmó que “la inteligencia artificial, de alguna manera, ya hackeó al sistema educativo”, al señalar que estas tecnologías dejaron de ocupar un lugar periférico para convertirse en un componente central de la experiencia cotidiana. En ese sentido, remarcó que las instituciones educativas avanzan más lentamente que los cambios tecnológicos y culturales impulsados por las nuevas plataformas digitales. Mientras estudiantes de distintas edades conviven naturalmente con aplicaciones de inteligencia artificial desde sus teléfonos celulares, escuelas y universidades intentan construir marcos regulatorios, criterios pedagógicos y estrategias de integración que permitan incorporar estas herramientas sin abandonar la creatividad, la reflexión crítica y la construcción genuina del conocimiento.
TRANSFORMAR LA ENSEÑANZA EN LA ERA DEL ALGORITMO
Maggio sostuvo que la discusión educativa actual excede el simple uso instrumental de la tecnología y obliga a revisar preguntas fundamentales sobre el sentido mismo de aprender y enseñar. “¿Qué significa aprender, enseñar y pensar en una época en la que una máquina puede producir respuestas inmediatas para casi todo?”, planteó durante la conversación. Desde su perspectiva, el desafío principal consiste en redefinir las prioridades pedagógicas en un contexto donde la automatización puede resolver procesos mecánicos y repetitivos con gran velocidad, desplazando la atención hacia capacidades más complejas y profundamente humanas.
La especialista señaló que esta transformación ya lleva varios años desarrollándose y consideró indispensable asumir colectivamente el cambio cultural en marcha. “Esto está sucediendo ya hace tres años. Lo mejor que podemos hacer ahora es ponernos de acuerdo y tratar de que esto sea un beneficio de calidad, de inclusión y creación de conocimiento original para la comunidad educativa. Si sabemos que un chico ya tiene sobre la palma de la mano un celular que resuelve la tarea por IA, entonces lo mejor es empezar a hacernos cargo de la situación y de la historia. Más allá de nuestros encuadres, tenemos que conciliar colectivamente y construir nuevos abordajes, conceptos, ideas críticas aprovechando lo que dejan las tecnologías sobre la mesa”, expresó.
En esa línea, destacó que la responsabilidad pedagógica actual no puede limitarse a delegar completamente las tareas en plataformas automáticas. Como ejemplo del alcance de estas herramientas en la vida cotidiana, recordó que ya existen experiencias en jardines de infantes donde, ante preguntas creativas formuladas por docentes, algunos niños responden: “no sé, pregúntale al ChatGPT”. Para Maggio, estas respuestas reflejan un síntoma cultural que obliga a revisar profundamente qué se enseña y cómo se enseña. “Nosotros tenemos la responsabilidad de educar frente a los desafíos que exige el sistema y ante esto desarmar muchas cosas que veníamos articulando. Tenemos que volver a instalar la imaginación y creatividad como cuestión central”, afirmó al cuestionar que gran parte de la educación tradicional continúe centrada en procesos cognitivos básicos ligados a la repetición y la aplicación mecánica.
La investigadora insistió en que el sistema educativo debe desplazar el eje pedagógico hacia habilidades que la inteligencia artificial no puede reproducir de manera autónoma. “Es en la mecanización donde la inteligencia artificial resuelve todo, entonces hay que desplazar el eje y potenciar aquellas habilidades que requiere el pensamiento crítico, la formulación de preguntas inéditas, la interpretación y la producción de ideas originales”, aseveró.
LO HUMANO COMO DIFERENCIA
Uno de los conceptos centrales desarrollados por Maggio durante la entrevista fue la necesidad de recuperar aquello que distingue al pensamiento humano frente a la inteligencia artificial. Según explicó, las plataformas generativas trabajan sobre información ya existente y producen respuestas a partir de enormes volúmenes de datos previos. “Lo distinto es nuestra posibilidad de formular preguntas que no se habían planteado hasta ahora, es crear conceptos nuevos y que una idea sea original”, sostuvo. A partir de esa premisa, indicó que el verdadero desafío educativo consiste en formar estudiantes capaces de problematizar la realidad y construir conocimiento nuevo, más allá de la simple reproducción de información disponible.
La especialista también destacó el valor creciente de la intervención humana en los procesos de escritura y producción intelectual mediados por inteligencia artificial. “Importa cómo escribís, por supuesto, pero importa mucho más cómo editás textos que se coescriben con inteligencia artificial generativa. Allí está el plus valor que se le agrega a algo que ya está hecho, y tiene que ver con recuperar lo humano de un texto, lo empático y la sensibilidad”, explicó. En ese sentido, consideró que escuelas y universidades deberán desarrollar metodologías capaces de promover creatividad y pensamiento crítico en un contexto donde las respuestas automáticas ya forman parte de la experiencia cotidiana de los estudiantes.
A lo largo de la conversación, Maggio insistió en que el sistema educativo debe abandonar posiciones defensivas frente a la tecnología y asumir una transformación profunda. “Frente al desafío de esta época hay que ser flexibles, pero también hay que pegar el salto”, afirmó al comparar la actual revolución digital con el impacto histórico que produjo la aparición de la imprenta. Sin embargo, señaló que existe una diferencia sustancial: esta vez el cambio no llegó desde las instituciones hacia la sociedad, sino desde los propios estudiantes hacia las aulas. “Son los alumnos los que están diciendo: esto lo resuelvo con inteligencia artificial”, indicó, al remarcar que el desafío docente pasa ahora por problematizar, generar metodologías innovadoras y construir nuevos marcos conceptuales y políticas públicas para el escenario que ya se encuentra en desarrollo.
La investigadora defendió el rol estratégico de las universidades públicas como espacios de innovación pedagógica y construcción colectiva de conocimiento. Sostuvo que estas instituciones poseen la capacidad de actuar como puentes entre los distintos niveles educativos y promover debates sobre el impacto de la inteligencia artificial en la enseñanza contemporánea. Para Maggio, la pregunta central ya no es si la educación debe incorporar inteligencia artificial, sino cómo hacerlo sin perder aquello que vuelve humana a la experiencia educativa: “la imaginación, la sensibilidad, la creatividad y la capacidad de hacer preguntas nuevas”. “Este sería el mayor desafío que nos compete como educadores en un presente que avanza de manera vigorosa”, concluyó.
