Estudiantes se consagró campeón del Trofeo de Campeones tras vencer 2-1 a Platense en el Estadio Único de San Nicolás, en un encuentro que reunió a los ganadores del Torneo Apertura y del Torneo Clausura. El equipo platense, que llegaba con el impulso anímico de haberse quedado recientemente con el Clausura, logró revertir un marcador adverso y cerrar la temporada con un nuevo título oficial, confirmando su protagonismo en el cierre del año futbolístico argentino.
El desarrollo del primer tiempo mostró un inicio activo, con llegadas tempranas de ambos equipos que generaron expectativas en el público. Edwuin Cetré exigió al arquero Federico Losas con un remate potente, mientras que Platense respondió con un intento de Ignacio Schor. Con el correr de los minutos, el trámite perdió intensidad y se volvió más impreciso, reflejando realidades diferentes: un Estudiantes con el desgaste propio de una seguidilla de definiciones y un Platense que afrontaba la final tras más de un mes sin competencia oficial y con Walter Zunino debutando como entrenador.
Pese a la meseta futbolística, el cierre del primer tiempo dejó la sensación de paridad, con intervenciones decisivas del arquero de Platense, quien evitó la apertura del marcador incluso ante una acción fortuita de Guido Mainero en contra de su propio arco. El empate sin goles al descanso sintetizó un período inicial de pocas luces, pero con destellos aislados que anticipaban un complemento más intenso.
EL GIRO DEL PARTIDO Y LA REMONTADA
El segundo tiempo modificó el rumbo del encuentro de manera abrupta. A los 49 minutos, Platense se puso en ventaja mediante un remate de Franco Zapiola, exjugador de Estudiantes, que se filtró en la valla defendida por Fernando Muslera y rompió el equilibrio. El gol obligó al Pincha a asumir mayores riesgos y a adelantar sus líneas en busca de la igualdad, mientras el Calamar intentó capitalizar los espacios disponibles.
El desarrollo posterior estuvo marcado por decisiones tácticas y situaciones puntuales que incidieron en el resultado. Estudiantes realizó varias modificaciones para revitalizar su funcionamiento, mientras que Platense demoró un cambio cuando Ignacio Schor permanecía fuera del campo por molestias físicas. Esa superioridad numérica momentánea fue aprovechada por el equipo de Eduardo Domínguez, que encontró el empate a los 78 minutos por intermedio de Lucas Alario.
El desenlace confirmó el peso del momento anímico y la eficacia en las jugadas decisivas. A los 90 minutos, nuevamente Lucas Alario apareció para sellar la remontada tras una acción de pelota detenida, concretando un doblete que resultó determinante. El delantero, que había convertido solo un gol en 28 partidos con esa camiseta antes de la final, se erigió como la figura del partido y aseguró el triunfo en el cierre del encuentro.
IMPLICANCIAS DEL TÍTULO Y PROYECCIÓN
La consagración permitió a Estudiantes cerrar el año de la mejor manera, luego de haber superado a Racing por penales en la final del Torneo Clausura. Ese antecedente inmediato ya le había otorgado la clasificación a la Copa Libertadores 2026, logro significativo para un equipo que no había alcanzado ese objetivo a través de la Tabla Anual y que encontró en las instancias decisivas el camino a los títulos y a la proyección internacional.
Además del trofeo obtenido en San Nicolás, el triunfo habilitó nuevas instancias definitorias en el calendario. Estudiantes disputará la Supercopa Argentina frente a Independiente Rivadavia, campeón de la Copa Argentina, y la Supercopa de la Liga Profesional ante Rosario Central, líder de la Tabla Anual. De este modo, el Pincha amplía su presencia en finales y consolida un ciclo competitivo con múltiples desafíos por delante.
El partido también tuvo un marco institucional particular, con la presencia de Juan Sebastián Verón en la tribuna. El presidente de Estudiantes, suspendido por seis meses por el Tribunal de Disciplina de la AFA, acompañó al equipo desde las gradas, repitiendo la decisión que había tomado en la final del Clausura.
