Un estudio científico reciente aporta la evidencia más sólida hasta ahora de que Marte albergó un vasto océano hace aproximadamente tres mil millones de años, cubriendo al menos la mitad de su superficie. La investigación, publicada en la revista especializada npj Space Exploration, sostiene que el planeta rojo tuvo un entorno húmedo, estable y potencialmente habitable durante un período prolongado de su historia geológica, reforzando hipótesis planteadas por la comunidad científica desde hace décadas sobre la presencia de agua líquida en el pasado marciano.
Investigaciones anteriores habían identificado rastros dispersos de antiguos ríos, lagos y posibles mares en Marte, pero las nuevas observaciones permiten avanzar con mayor precisión en la reconstrucción de su extensión y profundidad. A partir de datos topográficos detallados y cartografía de alta resolución, el equipo de investigadores logró establecer una relación coherente entre distintas estructuras geológicas, aportando un marco más robusto para interpretar la existencia de un océano estable y profundo.
Según los autores del estudio, el hallazgo no solo amplía el conocimiento sobre la historia climática del planeta, sino que también aporta información clave sobre los procesos de pérdida de agua en cuerpos planetarios. La evidencia indica que el agua líquida no fue un fenómeno aislado o efímero, sino un componente central del paisaje marciano durante millones de años, con implicancias directas para la búsqueda de vida pasada fuera de la Tierra.
VALLES MARINERIS COMO ARCHIVO GEOLÓGICO

El foco principal de la investigación se sitúa en Valles Marineris, el sistema de cañones más grande del sistema solar, ubicado a lo largo del ecuador de Marte. Con una extensión superior a los 4.000 kilómetros y anchuras que alcanzan los 200 kilómetros, esta formación geológica se convirtió en un archivo natural de los procesos hidrológicos que modelaron el planeta en su pasado remoto.
Utilizando imágenes de alta resolución obtenidas por misiones como Mars Express y Mars Reconnaissance Orbiter, ambas de la Agencia Espacial Europea, los investigadores identificaron estructuras comparables a antiguos ríos y deltas terrestres. “Las imágenes satelitales únicas y de alta resolución de Marte nos han permitido estudiar el paisaje marciano con gran detalle mediante levantamientos topográficos y cartografía”, afirmó el autor principal del estudio, Ignatius Argadestya, en un comunicado de la Universidad de Berna.
El análisis detallado del terreno reveló un cañón profundo con señales inequívocas de actividad fluvial pasada. Estas huellas, conservadas pese a la erosión eólica posterior, ofrecen un registro geológico consistente con la presencia de agua en movimiento, lo que refuerza la idea de un sistema hidrológico activo que desembocaba en un cuerpo de agua de gran escala.
DELTAS, OCÉANOS Y HABITABILIDAD
En el extremo inferior del sistema de cañones, el equipo científico identificó formaciones conocidas como “depósitos con frente escarpado”, interpretadas como “deltas en abanico”. Estas estructuras se generan cuando los sedimentos transportados por ríos desembocan en un cuerpo de agua estancada, un proceso ampliamente documentado en la Tierra y considerado una señal clara de interacción entre sistemas fluviales y océanos.
“Al medir y cartografiar las imágenes marcianas, pude reconocer montañas y valles que se asemejan al paisaje montañoso de la Tierra. Sin embargo, lo que más me impresionó fueron los deltas que descubrí en el borde de una de las montañas”, explicó Argadestya. De acuerdo con el estudio, el nivel del agua habría sido estable durante largos períodos y alcanzado profundidades de hasta un kilómetro en algunas zonas.
El coautor del trabajo, Fritz Schlunegger, profesor de Geología Exógena, señaló que “las estructuras deltaicas se desarrollan donde los ríos desembocan en los océanos, como sabemos por numerosos ejemplos en la Tierra. Las estructuras que pudimos identificar en las imágenes son claramente la desembocadura de un río en un océano”. Los resultados indican que este océano fue al menos tan grande como el océano Ártico terrestre y cubrió gran parte del hemisferio norte de Marte, reforzando la hipótesis de un planeta que alguna vez fue azul y potencialmente habitable.
