El actor y director del Grupo El Pecado, entrevistado en Historias para Contar, con la conducción de Jacinto Méndez Capurro y la producción de InfoDuarte servicios de comunicación, por LT7 AM 900 e Infodradio 106.3, destacó el origen del Día Internacional del Teatro en 1962, su función terapéutica y catártica, la centralidad del público en la escena, el valor de los nervios como herramienta actoral y los desafíos del trabajo en vivo, además de aportar referencias históricas sobre el desarrollo del teatro en Argentina.

El actor, técnico en actuación especializado en comedia corporal y director del Grupo El Pecado, afirmó que la conmemoración del Día Internacional del Teatro “se remonta a 1962”, aunque precisó que su origen se vincula con un proceso anterior surgido en Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

En ese contexto, explicó que la instauración de la fecha el 27 de marzo responde a la necesidad de generar espacios de encuentro cultural que permitieran recomponer los vínculos entre sociedades atravesadas por el conflicto bélico, consolidando al teatro como una herramienta de reconstrucción simbólica y social.

El actor sostuvo que el teatro, desde sus orígenes, ha cumplido una función que trasciende lo artístico, al convertirse en un canal de expresión colectiva. En esa línea, indicó que “a través del teatro, y particularmente de la comedia, a través del humor, los pueblos han sanado muchas veces sus heridas”, subrayando el carácter terapéutico de la práctica escénica. Según su análisis, el humor funciona como un mecanismo de catarsis que permite procesar tensiones sociales y emocionales.

Bros profundizó esta idea al señalar que “el humor y el teatro son siempre terapéuticos”, enfatizando la dimensión emocional de la experiencia teatral. En su perspectiva, la escena se constituye como un espacio donde el individuo puede proyectar conflictos internos y, al mismo tiempo, compartirlos con una comunidad, lo que refuerza su valor como práctica cultural integradora y generadora de sentido colectivo.

En relación con la tradición teórica, el director vinculó esta función con el pensamiento de Aristóteles, al afirmar que el teatro posee una dimensión catártica que “nos libera del yugo de la opresión”. Esta referencia sitúa al fenómeno teatral dentro de una continuidad histórica que reconoce su capacidad para intervenir en la vida social, no solo como entretenimiento, sino también como herramienta de reflexión crítica.

LA RELACIÓN ENTRE ACTOR Y PÚBLICO

Bros también se refirió a la relación entre el actor y el público, a la que definió como constitutiva del hecho teatral. En ese sentido, expresó que “el actor no se expresa hasta que el público llega”, estableciendo una analogía directa entre la presencia del espectador y la existencia misma de la representación. Para el director, el teatro solo se completa en ese vínculo vivo e irrepetible.

Para reforzar esta idea, utilizó una imagen ilustrativa: “los bebés no lloran hasta que la mamá no llega”, comparando la necesidad del actor de ser visto con una reacción instintiva de comunicación. Esta afirmación subraya que la escena no es un acto unilateral, sino una construcción compartida donde la recepción del público resulta indispensable para que el hecho artístico cobre sentido.

Bros también destacó que la ausencia del público, como ocurrió durante la pandemia, altera profundamente la dinámica escénica. En ese marco, remarcó que la falta de aplauso y de interacción directa impacta en la experiencia del actor, quien pierde un elemento esencial para el desarrollo de su trabajo. Esta observación pone en evidencia la especificidad del teatro frente a otros formatos audiovisuales.

En cuanto a la práctica actoral, señaló que los nervios forman parte del proceso creativo al afirmar que “los nervios son una herramienta. Preparan al actor”. Sin embargo, diferenció este estado del pánico escénico, al que vinculó con la falta de confianza en el discurso, estableciendo una distinción clara entre una tensión productiva y una limitante.

EXPERIENCIA ACTORAL Y PRÁCTICA ESCÉNICA

Desde su experiencia personal, Mauro Bros relató situaciones concretas del oficio teatral que ilustran los desafíos de la actuación en vivo. En ese sentido, reconoció: “Sí. Me ocurrió en una obra de Hamlet. Me desconcentré al ver llorar a mi compañera y olvidé parte del texto”, evidenciando la vulnerabilidad del actor frente a la intensidad emocional de la escena y la necesidad de sostener la concentración.

Asimismo, se refirió a la evolución de los recursos técnicos dentro del teatro, señalando que “se perdió en gran medida” la figura del apuntador, que en otras épocas era fundamental para sostener la continuidad de la representación.

En el plano histórico y cultural, Bros contextualizó el desarrollo del teatro en Argentina, mencionando la importancia del circo como antecedente y destacando las formas populares de representación. También hizo referencia a figuras emblemáticas como Luis Sandrini y Luis Brandoni, cuya trayectoria contribuyó a consolidar la identidad teatral en el país.

Finalmente, el director subrayó la vigencia de la actividad teatral como práctica cultural y productiva, al tiempo que promovió la participación del público en las propuestas escénicas. En ese marco, anunció funciones y eventos, reafirmando la continuidad del teatro como espacio de encuentro, creación y trabajo, en línea con su concepción de la actividad como motor de desarrollo individual y colectivo.