La presidenta de la Fundación La Colmena, Natalia Livieres, dialogó con el programa Café de Ideas por IDStream sobre el deber de abordar la inclusión en el siglo XXI. “Cuando hablamos de inclusión, que hay un objetivo de visibilizar que hay personas que deben ser incluidas”, señaló.
Livieres reflexionó acerca de la persistencia de las desigualdades y enfatizó la importancia de comprender que el debate no debe limitarse a los discursos, sino traducirse en acciones concretas que garanticen igualdad de oportunidades para todos.
La titular de la Fundación destacó que su trabajo se basa en la defensa de los derechos humanos y en la aplicación efectiva de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. “Lo que pedimos siempre es que se respete la Convención, que es un tratado nada más y nada menos que de derechos humanos”, remarcó. Subrayó que el desafío actual pasa por construir una sociedad accesible en todos sus ámbitos, donde “cualquier persona, independientemente de su condición, pueda gozar de los derechos”. En un contexto en el que considera que “retrocedimos en derechos que ya parecían no ser discutibles”, instó a “pelear más fuerte por la igualdad de oportunidades”.
Livieres explicó que la Fundación La Colmena trabaja intensamente en proyectos relacionados con la accesibilidad, especialmente en el campo de la comunicación. “Trabajamos muy fuerte en la accesibilidad en la comunicación para que cualquier persona, independientemente de la manera en que comprende y se expresa, pueda acceder al conocimiento, a la lectura y a la información que le sea útil para su vida”, sostuvo. En ese marco, destacó los avances logrados a través de la reciente aprobación de la ley de accesibilidad cognitiva, que aún espera su reglamentación, y subrayó que Corrientes “es una provincia pionera” en el impulso de este tipo de políticas.
Livieres puntualizó que el concepto de inclusión debe entenderse como una acción transformadora y no como un adorno discursivo. “La inclusión es una acción. Es una acción que empieza y termina. Si algo permite que todas las personas estén, entren, se apropien, disfruten y usen algo o un lugar, es porque es accesible”, afirmó. Consideró que el verdadero desafío consiste en “pensar de otra manera para que no pongamos tantas barreras”, proponiendo que las políticas públicas adopten una mirada de accesibilidad estructural y no correctiva. “Todo lo que se pueda pensar, se puede pensar accesible”, concluyó.
PROYECTOS PRODUCTIVOS Y CULTURALES
La Fundación La Colmena lleva adelante diversos programas y talleres orientados a generar oportunidades de participación y trabajo para personas con y sin discapacidad. Uno de ellos es el emprendimiento productivo “Yateco”, definido por Livieres como un espacio “autogestivo donde nos reunimos para producir algo y donde cada persona viene con su manera de expresarse y de trabajar”. En este entorno, cada integrante participa según sus habilidades y tiempos, con los apoyos necesarios. “Es un entorno que no excluye. No hay alguien que esté en el centro de la normalidad que diga: vos podés venir. Es un equipo abierto donde cada uno se compromete y tiene el apoyo que necesita”, explicó.
El trabajo en equipo se complementa con espacios de formación cultural y recreativa, entre los que se destaca el taller de lectura con metodología de “lectura fácil”. Livieres explicó que se trata de textos adaptados que permiten la comprensión a distintos niveles y fomentan la participación colectiva. “Nos reunimos en un círculo de lectura donde leemos textos redactados en el método de lectura fácil. Ahora, en base a uno de los cuentos, decidimos hacer una obra de teatro que estamos ensayando para presentar dentro de poco”, comentó. Estas actividades promueven la inclusión desde la práctica cultural, alentando la expresión y la creatividad como vías de integración social.
Otro de los ejes centrales del trabajo de La Colmena es la incidencia pública. “Damos charlas, presentamos trabajos sobre lectura fácil, hablamos sobre derechos, accesibilidad, y proponemos políticas, programas y legislación”, detalló Livieres. En este sentido, advirtió que es necesario evitar que el discurso sobre la inclusión quede limitado a lo declarativo. “Proponemos que la palabra inclusión, que suena muy lindo y es dicha por todos, no quede solamente en la frase, sino que sea puesta en práctica en su amplio sentido”, señaló. Para la presidenta de la Fundación, la verdadera demostración de compromiso “no está en las palabras, sino en los hechos que prueban que uno no está excluyendo”.
En relación con el ejercicio de los derechos ciudadanos, Livieres expresó su preocupación por los casos de personas con discapacidad que no figuran en los padrones electorales. “Tienen derecho a estar en el padrón, entonces hay que reclamar en los canales oficiales donde uno fue excluido”, indicó. Explicó que “ninguna condición es un requisito para estar en el padrón” y que toda persona que cumpla con los requisitos legales debe figurar sin excepción. “Hay que ir más por los motivos porque sí y no por los motivos porque no”, afirmó, cuestionando los prejuicios que aún persisten en torno a la participación política de las personas con discapacidad.
COMPROMISO, VOLUNTARIADO Y PROYECCIÓN
La Fundación La Colmena mantiene una estructura basada principalmente en el voluntariado, con un equipo estable que varía según las actividades. “Somos un equipo que gira alrededor de diez personas, pero entre las personas con y sin discapacidad, que somos un grupo diverso, somos entre diez y veinte”, explicó Livieres. A través de un trabajo autogestivo y solidario, el grupo promueve acciones de sensibilización y capacitación que buscan “generar un cambio de mirada sobre la discapacidad y la accesibilidad”. Las personas interesadas en sumarse pueden contactarse por redes sociales o a través del sitio web y el correo institucional.
En cuanto a la historia de la organización, Livieres recordó que la Fundación La Colmena se fundó hace aproximadamente siete años, tras un proceso de trabajo previo que comenzó un año antes. “Hace siete, ocho años empezamos; siete se formalizó”, precisó. Explicó que el proyecto nació con la intención de construir un espacio de incidencia social y política desde la experiencia colectiva. “Nos fuimos poniendo metas y se va rediseñando todo el tiempo. Es un camino que iniciamos para tratar de ver cómo poder incidir en las cosas que queríamos proponer, sumar o cambiar”, relató.
A lo largo de su desarrollo, la Fundación ha experimentado un crecimiento sostenido tanto en su alcance como en su red de vínculos comunitarios. “La gente que nos vamos conociendo y encontrando son personas hermosas porque nos une un propósito”, dijo Livieres. Describió la experiencia de trabajo en grupo como “muy gratificante y enriquecedora”, ya que permite revisar constantemente las propias prácticas y mejorar los procesos. “Todo el tiempo estamos reflexionando sobre lo que hacemos, reformulando y consultando a otros. Eso es lo más hermoso de este camino”, afirmó.
Livieres sostuvo que el trabajo en La Colmena se caracteriza por la dinámica y la apertura a nuevas iniciativas. “Todo el tiempo aparecen nuevas propuestas. Alguien viene con una idea o con una inquietud y automáticamente eso ya se transforma en un proyecto, a veces al toque”, expresó. Según explicó, esta capacidad de respuesta inmediata es parte del espíritu de la organización, que busca convertir las ideas en acciones concretas. “Hay tanto por hacer que a veces resulta desalentador ver lo que ocurre, pero nosotros podemos hacer y vamos haciendo”, sostuvo.
La presidenta de la Fundación concluyó destacando el valor del trabajo colectivo y del compromiso sostenido como pilares del cambio social. Para ella, la inclusión no es un punto de llegada sino un proceso en construcción permanente, que exige creatividad, empatía y responsabilidad. “No lo imaginábamos así e imposible imaginar porque la vida misma es así. Todo el tiempo ofrece cosas nuevas”, resumió, reafirmando la convicción de que la transformación social comienza en la acción cotidiana y compartida.
