El Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales de Corrientes remitió al Ministerio de Seguridad de la provincia dos solicitudes formales destinadas a reconocer figuras y tradiciones vinculadas al pasado institucional y militar correntino. La presentación, fechada el 12 de marzo de 2026, plantea la adopción de medidas de carácter simbólico orientadas a reforzar la memoria histórica provincial mediante la vinculación de organismos actuales con protagonistas y formaciones militares que actuaron durante los primeros años de la vida política regional. Según se informó oficialmente, el planteo forma parte de una línea de iniciativas impulsadas por la entidad con el objetivo de promover el reconocimiento institucional de determinados hitos de la historia local.
La primera de las propuestas consiste en “Solicitar la imposición del nombre de ‘Cmte. Militar José Ignacio de Añasco’ al Servicio Penitenciario de la Provincia de Corrientes, con asiento en la ciudad capital”. La iniciativa busca otorgar a la institución penitenciaria una denominación vinculada a un militar que participó en la organización de milicias locales durante el período revolucionario rioplatense, integrando así el legado histórico provincial al sistema contemporáneo de seguridad pública. Desde el instituto sostienen que este tipo de designaciones permite reforzar el vínculo entre las instituciones actuales y las figuras que tuvieron participación en los procesos fundacionales de la provincia.
La comunicación oficial del organismo también señala que el pedido ha sido presentado durante cuatro años consecutivos ante las autoridades provinciales, lo que revela una estrategia sostenida destinada a instalar en la agenda pública la discusión sobre el reconocimiento institucional de figuras históricas correntinas.
TRAYECTORIA HISTÓRICA DE JOSÉ IGNACIO DE AÑASCO

La propuesta de denominar al Servicio Penitenciario provincial con el nombre de José Ignacio de Añasco se sustenta en la trayectoria de este militar correntino, considerado por diversos historiadores regionales como una figura relevante en el período final de la etapa colonial y en los primeros años del proceso revolucionario iniciado en 1810. Su actuación se vinculó principalmente con la organización de milicias locales y con tareas de defensa territorial en una etapa marcada por intensos conflictos políticos y militares en el litoral rioplatense.
Añasco pertenecía a una familia patricia de la ciudad de Corrientes con vínculos dentro de la administración colonial. Era hijo de Carlos José de Añasco, funcionario relacionado con la estructura política de la época y con los movimientos comuneros regionales, lo que situaba a la familia dentro de las redes de poder y liderazgo social que caracterizaban a las élites locales en los últimos años del dominio español en el Río de la Plata. Estas conexiones contribuyeron a posicionarlo dentro de los sectores que desempeñaban roles de conducción política y militar en la provincia.
En 1774 contrajo matrimonio con Josefa Roxas de Aranda, unión que consolidó su integración a las familias tradicionales de la ciudad. De esa descendencia surgieron posteriormente linajes que ocuparían posiciones relevantes en la historia social y política correntina. Entre ellos se destaca la figura de María del Carmen de Añasco, considerada antepasada de diversas familias históricas de la región, lo que refuerza la presencia del apellido dentro de la genealogía de la élite local.
Durante los años de la Revolución de Mayo, José Ignacio de Añasco se desempeñó como comandante de milicias o comandante militar de campaña en Corrientes. En ese rol participó en la organización de fuerzas locales destinadas a la defensa de la provincia en un contexto de inestabilidad política y militar que caracterizó al litoral en los primeros años del proceso independentista. Su actividad estuvo vinculada a la movilización de milicias provinciales y a la coordinación de acciones destinadas a resguardar el territorio frente a diversas amenazas.
Las fuentes historiográficas mencionan que en 1811 recibió órdenes de reunir milicias con el objetivo de desarmar a europeos que controlaban el puerto de Corrientes tras un ataque proveniente de Paraguay. Ese mismo año intervino en acciones militares que permitieron expulsar fuerzas luso-brasileñas de la región de Mandisoví, recuperando el control territorial para las fuerzas vinculadas al proceso revolucionario rioplatense. Estos episodios lo ubican dentro de las operaciones militares desarrolladas en el litoral durante los primeros momentos de la guerra de independencia.
La trayectoria de Añasco estuvo atravesada posteriormente por las complejas disputas políticas y militares que caracterizaron al período artiguista en la región. En ese contexto apoyó el levantamiento encabezado por el dirigente correntino Genaro Perugorría. Tras la derrota de ese movimiento político-militar fue capturado y fusilado en 1815 en la localidad de San Cosme por orden del comandante Blas Basualdo, episodio que puso fin a su participación en los conflictos regionales de la época y que forma parte de los episodios más tensos de la historia política correntina.
RECUPERACIÓN SIMBÓLICA DEL CUERPO DE DRAGONES

La segunda iniciativa presentada por el Instituto de Investigaciones Históricas y Culturales se orienta a recuperar la tradición del Cuerpo de Dragones de San Juan de Vera mediante su designación permanente como Guardia de Honor del Santuario Basílica de Nuestra Señora de Itatí. En ese sentido, la entidad solicitó que “se disponga que el ‘Cuerpo de Dragones de San Juan de Vera’ se constituya de manera permanente como Guardia de Honor del Santuario Basílica de Ntra. Sra. de Itatí”. La propuesta busca combinar referencias históricas con el valor simbólico del principal centro de devoción religiosa de la provincia.
El Cuerpo de Dragones de San Juan de Vera fue creado el 19 de abril de 1812 como parte de los esfuerzos del gobierno revolucionario por organizar fuerzas militares provinciales capaces de defender el territorio. La unidad formó parte del Ejército de Línea en la provincia de Corrientes y su mando fue asignado al sargento mayor Elías Galván, quien se desempeñaba entonces como comandante militar provincial. Su organización inicial contempló la conformación de tres compañías integradas por aproximadamente cien hombres cada una.
La denominación de la unidad hacía referencia al nombre histórico de la ciudad de Corrientes, fundada en 1588 como San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En la tradición militar de la época, los dragones constituían fuerzas de caballería ligera caracterizadas por su movilidad y por su capacidad para combatir tanto montados como a pie. Estas características les otorgaban una notable eficacia en territorios extensos y con baja densidad poblacional como los del litoral rioplatense.
Las funciones del Cuerpo de Dragones incluían la defensa territorial frente a amenazas externas, la custodia del gobierno provincial y tareas de escolta institucional. En un escenario marcado por conflictos fronterizos, incursiones armadas y disputas internas, estas unidades de caballería representaban uno de los instrumentos militares más relevantes para garantizar la seguridad y la estabilidad política en la región durante los primeros años del proceso independentista.
Con el paso del tiempo, la estructura militar provincial experimentó transformaciones que derivaron en diversas reorganizaciones de la unidad. Durante las décadas de 1820 y 1830 el cuerpo pasó a denominarse Escuadrón de Dragones y posteriormente Regimiento de Granaderos a Caballo de la provincia, reflejando los cambios en la organización militar de los estados provinciales en las primeras etapas de la historia argentina.
En tiempos recientes, el nombre y la estética histórica del cuerpo fueron recuperados dentro de una formación ceremonial creada en la Policía de Corrientes. Este grupo participa actualmente en actos patrios, desfiles y ceremonias institucionales, manteniendo viva la memoria de aquella milicia provincial que tuvo un papel relevante durante los primeros años de la independencia. La propuesta elevada al Ministerio de Seguridad apunta a institucionalizar esa presencia ceremonial en el Santuario de Itatí, reforzando el vínculo entre tradición histórica, identidad cultural y espacios de significación pública.
