Hay artistas que no ne­cesitan presentación; hay voces que no se olvidan; hay presencias que, aunque fugaces, dejan huellas pro­fundas, y hay regresos que se esperan con el corazón en la mano. Así es lo que se viene: Patricia Sosa vuelve a Corrientes, y no lo hace de cualquier manera.

La última vez que pisó el escenario del Teatro Oficial Juan de Vera fue para vestir­lo de emoción, de patria y de magia. Su interpretación del Himno Nacional Argentino en la reapertura del teatro todavía resuena en quienes estuvieron allí. Y como si eso fuera poco, compartió ese momento con figuras en­trañables de nuestra música como Antonio Tarragó Ros, en una versión conmovedo­ra de “María Va”, ese himno chamamecero que nos corre por la sangre.

Esa noche, Patricia dejó una promesa en el aire: iba a volver. Y como toda ar­tista comprometida con su palabra, cumple. El viernes 12 de septiembre volverá a pisar tierra correntina con un espectáculo que promete ser, en sus propias palabras, “precioso, sentido, y lleno de buenas intenciones musica­les”.

Pero esta vez el reencuen­tro tiene un condimento es­pecial: Patricia Sosa se pre­sentará junto a la Orquesta Sinfónica de Corrientes, bajo la dirección de Andrea Fusco, con quien ya comen­zó a trabajar a distancia. “Ya tiene las partituras”, dijo a NORTE de Corrientes la re­conocida artista nacional. La propuesta es una fusión de mundos que ella ya exploró en el Luna Park, y que aho­ra se traslada al corazón del litoral. “Es una cosa superla­tiva”, sostuvo. 

Y no es una exageración. Quienes la han visto en ese formato lo saben: la poten­cia de su voz, su sensibilidad interpretativa y el univer­so sonoro de una sinfónica crean un clima simplemente inolvidable.

A esta puesta en escena se suma su banda completa y un repertorio cargado de emociones: desde sus clási­cos más queridos hasta las canciones de “Alquimia”, su último disco grabado a dúo con el reconocido cantante mexicano Manuel Mijares. Un álbum que Patricia defi­ne como “soñado”, porque en él se embarcó en un de­safío que no conocía: cantar covers, canciones icónicas del amor latinoamericano entre los años 1995 y 2005, con auto­res como Juan Luis Guerra, Maná, Soda Stereo, Sin Bandera, Alejandro Fernández, entre otros.

La historia detrás de ese proyecto también dice mucho de ella. Acos­tumbrada a componer, a es­tar en el estudio con su gui­tarra o su piano, a compartir mates mientras se trabaja en las canciones, se encontró esta vez con una nueva for­ma de grabar, a la distancia, por separado. Y como buena meditadora recurrió a una palabra que la guía, acepta­ción. Dejó fluir, confió en su equipo, y el resultado fue un disco que ya está disponible en todas las plataformas y que viene siendo un éxito rotundo.

Pero Corrientes es Co­rrientes, y aquí hay algo que siempre late en el fondo de todo: el chamamé. Patricia lo sabe, lo siente; estuvo en la Fiesta Nacional, compar­tió escenario con las Herma­nas Vera, bailó (o al menos intentó, dijo entre risas) un chamamé con Juan Carlos Baglietto. Y aunque el espec­táculo que trae no es folkló­rico en su base, no descarta que algo del género pueda sonar. “Voy a llegar dos días antes, voy a ensayar con la Sinfónica. Vamos a ver si po­demos incluir algo”, señaló, dejando la puerta abierta para una de esas sorpresas que solo se dan en vivo.

El correntino es un público cálido, abierto, respetuoso, y reconoce cuándo una artista canta de verdad. Patricia no canta con los labios; lo hace con el alma. Cada palabra que entona, cada nota que sostiene, tiene el peso de una historia vivida, de una carrera hecha a pulmón, con coherencia, pasión y entre­ga. Lo dijo claramente: “Yo soy una rocker que canta lo que se le da la gana”. Y eso es lo que nos enamora de ella: su libertad, su autenticidad, su forma de traspasar géne­ros y emociones sin pedir permiso.

El viernes 12 de septiembre el Teatro Vera volverá a latir y no será solo un concierto, será un abrazo musical entre Patricia Sosa y el pueblo co­rrentino. Será una fiesta de la música, de las historias com­partidas, de las emociones que no caducan. Será, como dijo ella, una cofradía de in­tenciones musicales.

Porque Patricia no solo canta, conecta. Con una tra­yectoria que abarca décadas y géneros, supo reinventarse sin perder su esencia. Desde sus inicios con La Torre has­ta su consagración como so­lista ha llevado siempre una bandera clara: la del arte con sentido. Cada vez que pisa un escenario, no solo ofrece un recital sino que brinda una experiencia, un espacio de encuentro, de reflexión, de celebración. Y en Co­rrientes, donde la música es parte del ADN colectivo, esa conexión se vuelve todavía más poderosa.

Volver a verla en el Teatro Vera con su voz envolvien­do las butacas históricas del coliseo mayor de los corren­tinos es una oportunidad única, para quienes crecie­ron con sus canciones, para los que la descubrieron en sus proyectos solidarios, para los que vibraron con su presencia en la Fiesta del Chamamé, o simplemente para quienes buscan emo­cionarse en una noche que promete quedarse en la me­moria por mucho tiempo. El 12 de septiembre no es una fecha más. Es el regreso de una amiga de la casa. Es Patricia Sosa, en su versión más completa, más libre y más auténtica que nunca.