El abogado e historiador correntino Eduardo Enrique “Kito” Galiana, entrevistado en el programa “Historias para contar”, que conduce Rubén Duarte e Inés Bobadilla, compartió reflexiones sobre las raíces históricas, culturales y espirituales de Corrientes.
En una conversación que transitó entre el pasado guaranítico y la fundación de la ciudad, Galiana reivindicó el papel de los pueblos originarios en la construcción de la identidad local, destacando la presencia viva de su cosmovisión en las tradiciones correntinas.
En el eje central de la charla, Galiana abordó el tema de las brujas y su demonización a lo largo de la historia occidental, reivindicando su proceder como “madres de la medicina moderna”.
Así transcurrió parte del diálogo.
—Hola, hola, hola, ¿cómo te va? Muy buenas tardes. Arrancamos cuando son las 17 horas 36 minutos en este espacio que llamamos Historias para contar. Hoy va a ser realmente un programa muy interesante. Va a tener algo de misterio, seguramente, pero también va a tener cosas que tienen que ver con un día a día que, necesariamente, en estos tiempos de crisis debe ser alegre. ¿Cómo te va, Inés Bobadilla? Buena tarde para vos.
—Buenas tardes, Rubén. Buenas tardes a los queridos oyentes. Gracias por su compañía en este día sábado. Te vamos a hacer compañía hasta las 18 horas con Historias para contar. Te acompañamos por LT7 AM900, el gigante de la región, nuestro operador Julio Barrios. Gracias, Julito, por tu compañía. Y por FM Info de Radio 106.3. Ya llega, ya llega nuestro invitado especial. Vos lo conocés bien, no hace falta mucha presentación. Eduardo Enrique “Quito” Galiana, abogado, historiador, uno de los mejores escritores de Corrientes. ¿Cómo te va, Quito? Un placer.
—Buena tarde para todo el mundo. Eh, para mí es un honor, un placer, y bueno, me queda a pasos. Estoy a pasos de la radio, soy vecino del barrio con tantas historias, ¿no?
—Así es.
—Tantas historias. Este barrio que fue fundado por los guaraníes. Que quede perfectamente claro que los únicos que eran diez personas eran los españoles que llegaron; los demás eran guaraníes. Y antes que llegara la expedición, digamos, de guaraníes de la Asunción, vinieron cien indios comandados por varios caciques, mujeres y hombres, y estuvieron tratando ya con las tribus guaraníes que habitaban esta zona. Se hicieron amigas porque eran diplomáticos: ellos hicieron la paz. Eran los adelantados de Juan Torres de Vera y Aragón, el adelantado. Aprendimos de los doctores de las universidades de Asunción que nos visitaron en la Facultad de Derecho. Me rindieron un homenaje espectacular y estoy absolutamente agradecido, enormemente agradecido. Eh, no sé si a esta altura del campeonato uno asimila bien ese tipo de reconocimientos. Soy doctor en Derecho, soy magíster en Ciencias Sociales, soy especialista en Metodología Científica y soy estudiante de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional de La Plata. En este momento, o sea que me dedico a algunas cositas para entretenerme.
—Enrique, vamos a arrancar con un tema. Que a veces tiene que ver con el misterio y otras veces no. Vamos a hablar en general de las brujas, pero en particular de los viernes de brujas. ¿Es necesario que para recordar esta fecha el viernes tenga que caer 13? Y seguidamente la pregunta es: ¿las brujas son buenas o son malas?
—Las brujas fueron demonizadas por la legislación castellana, española, alemana, francesa, finesa, sueca. Las brujas fueron demonizadas por ser mujeres. Simplemente, las mujeres eran el demonio porque cometieron el pecado original. Tanto es así que cuando nace un niño, solo se lo bautiza. ¿Y qué le hacen cuando lo bautizan? Lo exorcizan del pecado original que cometieron sus padres. Pero, ¿quién comete el pecado? La mujer. No hace falta que caiga viernes 13. Al atardecer de los viernes y de todos los días es el momento de los espíritus.
Y esto de las brujas me hace acordar a una cita de San Germán. San Germán escribe, entre otras cosas, la existencia de personas que se reunían en un determinado lugar a compartir una comida. Y en el momento en que San Germán llega y hace un exorcismo, todos los que estaban sentados, las que estaban sentadas, eran mujeres de la zona que se transforman en demonios. ¿Qué ocurría? Existía una especie de traslación: las mujeres estaban durmiendo en sus casas, pero sus almas, en el estado de éxtasis, se transportaban con el viento y por el aire. En otros casos, los fines de semana, especialmente los sábados —el sabat—, ocurre lo que nosotros llamamos el aquelarre, que era la reunión de estas personas que generalmente y posiblemente hayan tomado alucinógenos.
Aquel que quiera entrar en esa temática puede leer las Cartas Anuas de Santiago del Estero, del Cabildo de Santiago del Estero. Y si quiere entrar en Corrientes, yo le diría que averigüe un poquito. Los historiadores no han abordado estos temas, porque los historiadores están viendo si San Martín era masón o no. San Martín era masón hasta la médula. No hay ninguna duda. Fin. Se terminó la discusión. Y los que digan que no, bueno, sigan en su creencia, porque eso no es historia.
Y estas personas se reunían en la guerra. ¿Qué hacían? Bailaban, se divertían, reían, porque era pecado. Vos te reías mucho, era pecado. Vos te bañabas, era pecado. Y en Corrientes existieron muchos inquisidores, y tengo los nombres de los inquisidores que pronto van a salir, nombrecitos familiares que les corresponden, porque hay algunos que parece que nacieron en cuna de oro.
—¿El apellido todavía se mantiene? ¿O los apellidos?
—Los apellidos se mantienen.
—Se mantienen…
—Tanto es que hemos descubierto, el miércoles con mi querido amigo Dardo Ramírez Braschi, que los descendientes de Juan Torres de Vera y Aragón viven en el pueblo de Pedro Caballero, en la República del Paraguay. Así que, ¿alguna vez aportamos eso nosotros a la historia? No, no aportamos lo suficiente. Siempre hablamos de la Cruz de los Milagros. La Cruz de los Milagros… Yo no estoy en contra de nadie, que cada uno crea lo que crea. Respeto todo. Pero, ¿quiénes eran los que atacaban las costas correntinas? Eran los guaraníes, no eran los guaicurúes, los tobas, los payaguás que venían del Chaco, porque veían que los guaraníes andaban bien con los fundadores de la nueva ciudad.
La nueva ciudad se fundó sobre un lugar especial. Primero había que determinar si había agua potable. Para eso venía el radomante, que venía con su palito. Lo hemos visto nosotros buscar el agua.
—Así es. Yo lo vi con la orquetita.
—Exacto. Con la orquetita, o de cobre, o de bronce, o de madera. En Mercedes, Corrientes. Eso no me lo contaron: yo estuve ahí. Unos ingenieros me querían cobrar seis mil en esa época, y yo le llamé a don Romero, que hizo el primer descubrimiento de agua. Y vino Romero, me dijo: “Si yo descubro agua, le voy a cobrar cinco mil. Si no descubro, usted me va a pagar los gastos: quince”.
Y bueno, Romero… Los ingenieros dijeron que abajo, en una especie de mesada mercedina, se encontraba el agua. Vino Romero y dijo: “Acá arriba, conductor, que preparen los tubos, todo eso, ya vamos a hacer la perforación”. El agua pegó un salto como un géiser, metros. Eso no me lo contaron. Yo era el interventor del Ente Regulador del Agua, 1995, para mal recuerdo de un montón, que les hice poner los medidores en la ciudad.
—Eso es historia.
—Dije yo: ¿Cómo una casa va a pagar el agua por la cantidad de metros de frente? Tiene que pagar el agua por lo que consume.
—Así es, sí, señor.
—Y descubrí que mi estudio tenía 25 metros de frente por la calle Salta. Sigue teniendo, ¿no? Y resulta que yo pagaba como si fuera el dueño del río Paraná, y había dos piletas. Dije yo: “¿Cómo?”. No, hasta que… Entonces me puse a leer esos mamotretos que son los contratos públicos y demás, y descubrí que había que poner los medidores. Bueno, la empresa saltaba, flameaba, no le gustaba absolutamente nada, y pusieron los medidores. Les rechacé la primera tanda, dije: “Estos no tienen la calidad necesaria, no reúnen los requisitos”.
Y no hay ninguna brujería en eso: simplemente estudiar, hacerse responsable, no permitir, por ejemplo, que le corten el agua a ninguna familia.
—Está bien.
—Jamás. ¿Por qué? Porque el agua puede determinar el inicio de una pandemia, de una epidemia o lo que fuere. Y bueno, señor, que inicie las acciones judiciales.
—Todavía siguen cortando el agua en Corrientes.
—Y bueno, eso es una enormidad, y los jueces no deben permitirlo.
—Así es.
—Porque es un servicio público indispensable. Si hay niños, si hay ancianos y si hay enfermos, con mayor razón. O sea, yo soy juez, y me entran a las tres de la mañana con un amparo, a las seis de la mañana ya tienen la policía. Yo iba personalmente a reconectar el agua. Agarraba el equipo del Ente: “¿Dónde cortaron? Allá. Muy bien, vamos”. Y venían los empleados de la empresa y les dejaba un guardia policial: “Señores, después inicien los trámites de cobro como corresponde”.
Buscaba la manera de hacerle una ayuda especial, algún modo de trueque o cambio, para que esa familia no se quede sin agua. Acá la gente ha perdido la sensibilidad, la solidaridad y la empatía. Estamos caminando mal, muy mal. Hay que empezar a caminar mejor.
—Mucho individualismo, ¿no?
—Mucho individualismo, mucha vanidad, mucho orgullo y, como dice una vieja frase, “toditos vamos a ser santos difuntos”. Eso se olvida la gente. De eso trata mi libro, que se va a presentar el 14 de diciembre en el Instituto de Cultura, el tomo nueve. Este es el primer ejemplar de “Aparecidos, tesoros y leyendas de Corrientes”, que es historia mezclada con el mito y la leyenda.
Hosban, el inglés, dice claramente en su gran obra histórica: cuando hablamos de leyenda, estamos hablando de historia; y cuando hablamos de historia, estamos hablando de leyenda. Tomemos el ejemplo del Archivo Histórico. Todo el mundo dice: “Ah, sí, el Archivo Histórico”. Antes de ser sitio de esa construcción, el terreno es el mismo. Ahí existía una cochería fúnebre, que luego pasa a pertenecer a Cecilio Escobar. Esa cochería fúnebre no solo brindaba lugar para velorios, sino que tenía todos los implementos necesarios para el rito funerario.
—Y algo queda, y todo el mundo que trabaja ahí en el archivo lo sabe. ¿Estamos hablando de alguna probable sepultura en ese lugar?
—Probablemente llanto, sangre.
Eh, quedan los humores, quedan. Por eso, cuando una persona muere —en Paraguay, en nuestra zona, en Francia, en Islandia, en Europa— se abren las ventanas. Se cubren los espejos, como decía el indio guaraní: “Este bípedo ya no hace marca en la ceniza. Este bípedo ya murió o se fue con el alma.” Por eso nosotros tenemos que… Estoy hablando de una bibliografía de unos cinco mil libros que cruzaron el Atlántico y vinieron conmigo. O sea, una valija cuando vamos con mi novia, que es —diríamos— muchacha cajatá, eh, cuñatíajatá, o sea, terca. Y esa valija, le digo: “Esa valija la pago yo, no te preocupes”.
Y bueno, vienen con los libros. Esos libros no están al alcance nuestro. Y no están al alcance nuestro porque… ¿Qué secretismo? ¿Por qué nos ocultaron tanto? Vos leés la Biblia —y aquel que la leyó, porque generalmente no la leen— va a encontrar endemoniados, demonios, diablos, magos. Contra eso peleaba Jesús, Joshua, contra esa gente. Y uno de los ejemplos máximos es cuando se encuentra con el pastor que está tomado por los demonios y le pregunta: “¿Quién eres?”. “La legión”, le dice. Entonces él ve una piara de cerdos y los exorciza, lleva la legión a las piaras de cerdos, las desbarranca y caen al agua. ¿Qué significa eso? El agua es uno de los mejores contenedores de los demonios para limpiar los espacios, como el fuego.
Por eso, cuando las cenizas de una bruja o de un hechicero maligno eran quemadas, se tiraban al río o se colocaban en un contenedor que fuera a lo profundo del mar o del lago. Todo eso es objeto de estudio científico.
Una vez uno me habló y me dice: “¿Usted cree en la San Muerte?”.
Y yo le respondí: “Le voy a hacer una pregunta. ¿Usted reza a San Sebastián, San Roque, San Antonio, San Blas, Santa Teresa de Jesús, etcétera? ¿Reza eso?”.
“Sí, sí.”
“Muy bien. ¿Están vivos o están muertos?”
“Están muertos.”
“Y bueno, entonces usted está rezando a muertos.”
Jesús venía caminando por un sendero después de haber sido crucificado. Se encuentra con sus discípulos, y estos —por la penumbra, por la neblina que había— no lo reconocen. Y él les dice: “¿Por qué buscáis entre los muertos a quien está entre los vivos? Yo soy Jesús. No me toquéis.”
¿Por qué? Porque él se reencarnó. El reencarnado quiere decir que recupera su carne y se agrega a la carcasa o al esqueleto. Y de ese modo es un fantasma, porque el espíritu generalmente es transparente, incorpóreo, pero luminoso.
Bueno, ejemplos como ese hay cientos. En este libro van a encontrar ustedes historias como El hacha del verdugo, La cabeza del gaucho… Ustedes saben que el cuerpo del Gaucho Gil no tiene cabeza, que fue llevada a Goya y se perdió. Bueno, ahora ya, para que todo el público de Corrientes y del mundo sepa —porque al Gaucho Gil lo veneran y lo respetan— como veneran y respetan a la Virgen Negra de Itatí.
Es posible que se haya venerado a un negro medio raro, ¿no? Los negros eran los esclavos, como los blancos. Otro gran error histórico: siempre decimos “esclavos negros”, no “esclavos blancos”. Los ingleses cazaban a los irlandeses y a los escoceses, los colocaban en barcos —tres mil, treinta mil, cuarenta mil— y los mandaban a las colonias británicas. Por supuesto, como eran todos comerciantes, algunos se desviaban y venían a las colonias americanas. Y en las colonias americanas nadie hacía asco a comprar esclavos blancos y esclavas blancas.
Una de ellas vivió en Corrientes, en la esquina de Rioja y Quintana, y fue uno de los grandes amores de Manuel Belgrano cuando estuvo acá en Corrientes, porque don Manuel era un hombre, parece, muy querido, muy amado. Tenía el cagürei, seguramente.
—Mm.
—Así que yo me apasiono con todas estas historias y me acuerdo del sacerdote salesiano con el cual mantuve cierta conversación y amistad. Cuando él murió, se produjo en el Salesiano un milagro. Yo digo “milagro”: había un olor a rosas impresionante. Nadie fumigó, nadie expandió ningún olor. Cuando este hombre murió, dejó una memoria. Está publicada, es parte de mi bibliografía: Mi lucha con el diablo. Estando en el cardiológico, él pelea con el demonio.
Así que, señores, hay que leer más, hay que estudiar más y confrontar menos. Vivimos confrontando innecesariamente. Confrontar menos. Cuando probamos algo, digamos: “Esto está probado”. Puede ser verdad… nunca es verdad, porque toda verdad es falsable.
No hay verdad absoluta. No hay verdad. Hay, diríamos, un paradigma. Un paradigma que establece determinada verdad, pero es falsacionable, como dice Feyerabend —Paul Karl Feyerabend—, un metodólogo científico de primer nivel. Entonces, todo es falsacionable. Ataquemos, ataquemos a ver si se sostiene. Si no se sostiene, desaparece la verdad.
Caso de un médico: está operando, se le terminó el librito, tiene que inventar algo. Favaloro inventó y descubrió un método que salvó millones de vidas. ¿Recibió el Premio Nobel de Medicina? No. No lo recibió, pero lo merecía y lo merece.
Así que tenemos que ser más serios en las investigaciones que hacemos y decir: “Es probable que esto haya sucedido así.”
—Nos quedan dos minutos de programa. Una pregunta cortita, Inés. Una respuesta cortita, Kito. Eh, bueno, doctor… Según la historia, la palabra “bruja” siempre está asociada —como decimos, ¿no?— a la del sombrero, toda vestida, ya sabemos, ¿no? Narigona, fea, todo… Pero en otros países la asignan como una mujer sabia.
—Mujer sabia y madre de la medicina moderna. En 1875, un autor francés escribió: “Las brujas son las madres de la medicina.” En Irlanda, en el hospital de los pudientes moría el 50% de los nacidos; en el hospital de los pobres, moría el 15%. Un médico que se bajó del caballo de la vanidad les consultó: “¿Qué hacen ustedes?”
Y las brujas —las mujeres— respondieron: “Nos lavamos las manos. Atendemos un paciente y nos lavamos las manos.” ¿Qué te parece? Las brujas eran mujeres extraordinarias. Salvaron miles y millones de vidas.
—Kito, nos queda mucho para hablar sobre estos temas que nos apasionan a todos y a la audiencia también, igual que a los televidentes. Así que, si Dios no dispone lo contrario, nos juntamos dentro de poco.
—Con mucho gusto, Rubén. Muchas gracias, señora, señorita, al señor operador. Muchas gracias a toda la gente, y especialmente a los radioescuchas y televidentes. Que pasen una excelente y buena tarde de sábado.
