Combatientes provenientes de distintos países de América Latina participan o han participado en la guerra en Ucrania, integrados en diversas unidades de las Fuerzas Armadas ucranianas y formaciones extranjeras.

Desde el inicio de la ofensiva a gran escala lanzada por Rusia el 24 de febrero de 2022, el conflicto ha atraído a voluntarios de múltiples nacionalidades. Las cifras varían según las fuentes, pero algunas estimaciones mencionan hasta 10.000 latinoamericanos, con una presencia particularmente significativa de colombianos y contingentes menores de brasileños, mexicanos, argentinos, chilenos y ciudadanos de otros países de la región.

Muchos de estos voluntarios llegan por iniciativa propia y son asignados a distintas estructuras militares ucranianas. Entre las unidades que concentran un número relevante de hispanohablantes se encuentran el Batallón Simón Bolívar y la Legión Internacional. Asimismo, opera la Fuerza Miquiztle, compuesta por mexicanos bajo el mando de la 25ª Brigada Aerotransportada.

La inserción de estos combatientes extranjeros responde tanto a necesidades operativas como a decisiones individuales motivadas por razones ideológicas, personales o profesionales.

En el desarrollo de la guerra, los drones han adquirido un papel determinante, según coinciden analistas militares y los propios combatientes. Los sistemas no tripulados, en particular los drones FPV, se han convertido en un factor central en las operaciones de ataque y reconocimiento. Esta evolución tecnológica ha incrementado la letalidad del campo de batalla y modificado las dinámicas tácticas, exponiendo tanto a soldados locales como a voluntarios extranjeros a riesgos constantes y difíciles de prever.

TESTIMONIOS DESDE EL CAMPO DE BATALLA

Uno de los combatientes entrevistados es Mayers, nombre de guerra de un ingeniero electromecánico oriundo de Buenos Aires que viajó a Ucrania en agosto de 2025 sin experiencia militar previa. Hace dos semanas resultó herido por un dron mientras se encontraba en el frente. “Mis compañeros ucranianos me retiraron al instante del frente, arriesgando sus vidas. Voy a estar eternamente agradecido de ellos”, afirmó, al describir el episodio. Explicó que su decisión de viajar estuvo motivada por su deseo de “ayudar a Ucrania para que sea un país libre”.

Federico Mancilla, conocido como Meta, es un ciudadano chileno que también carecía de experiencia armada antes de alistarse. Señaló que “lo que me llevó a viajar a Ucrania fue mi deseo de ayudar a la gente” y que decidió “enlistarme en el Ejército ucraniano y combatir frente a frente con los rusos” ante la convicción de que debía actuar frente a lo que observaba en las noticias.

Tras recibir instrucción militar en Ucrania, fue destinado a Donetsk dentro de la Tercera Brigada de Asalto, donde integró una unidad compuesta exclusivamente por ucranianos, con quienes se comunicaba en inglés y mediante señas.

Durante su despliegue en Donetsk, Meta sobrevivió a un ataque con dron FPV. “Salí de la trinchera y el dron ya me tenía visto para matarme. Alcancé a correr cinco metros y entré a un punto de descanso gritando que venía un dron. La explosión me lanzó a tres metros. La onda expansiva me hirió dos dedos de la mano izquierda”, relató. Ese mismo día fue evacuado del frente.

Mayers, por su parte, señaló que combatió junto a argentinos, colombianos y ucranianos, y que actualmente se recupera de sus heridas con la intención de regresar tras un período de descanso.

MOTIVACIONES, VÍNCULOS Y COSTOS HUMANOS

Además de exmilitares, han viajado civiles como taxistas, camioneros o enfermeros que dejaron sus ocupaciones en sus países de origen para integrarse a las filas ucranianas. Las razones incluyen convicciones altruistas, identificación con la causa ucraniana o la búsqueda de nuevas oportunidades. Mayers afirmó que “para los ucranianos somos como hermanos, porque aunque vengamos de países diferentes todos estamos con el propósito de hacer que los invasores no sigan avanzando”.

Meta coincidió en destacar el trato recibido. “Nos ven con respeto y nos tratan con honor”, sostuvo. Añadió que “me han dado las gracias por ayudar a su país, me enorgullece haber estado desplegado en Ucrania combatiendo” y explicó que regresó a Chile por su familia, especialmente por su madre, “para darle tranquilidad”.

Recordó además un episodio con un anciano que, al ver su bandera en la chaqueta, “se agachó y me besó el hombro, donde estaba mi insignia, y me dio las gracias. Es un recuerdo importante que tengo”.

La experiencia de combate también ha implicado pérdidas y secuelas emocionales. “En Ucrania he visto cosas y he vivido situaciones que jamás creí que viviría, la más lamentable de ellas perder a compañeros”, declaró Mayers, quien indicó que en octubre de 2025 murieron tres argentinos en el frente. Meta recordó a su amigo colombiano José Luis Lugo, conocido como Coyote, caído en marzo de 2025.

Según expresó, la guerra “me hicieron ver la vida de una forma más feliz, entender que hoy somos y mañana ya no sabemos si estaremos vivos. Agradezco estar vivo”. También describió las medidas extremas que contemplaban ante el riesgo de captura: “Siempre andábamos con una bala y una granada en los bolsillos, por las células terroristas rusas que hay en Ucrania. Si me capturaran, preferiría pegarme un tiro. Eso es algo que teníamos claro. Morir así es mucho mejor que estar en manos de los rusos”.