Los gobiernos de Hungría e Irlanda anunciaron que votarán en contra del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, cuya eventual adopción será tratada este viernes en el Consejo de la Unión Europea. Ambas decisiones se suman a las posturas críticas que ya habían manifestado Francia, Polonia e Italia, configurando un escenario de fuerte resistencia interna frente a un tratado negociado durante más de dos décadas y que se encuentra en su tramo decisivo.

La posición de Irlanda fue comunicada por el viceprimer ministro Simon Harris, quien ratificó el rechazo de su país al texto actual del acuerdo. “Siempre ha sido clara: no apoyamos el acuerdo en la forma en que fue presentado”, sostuvo Harris en un comunicado oficial, al tiempo que confirmó que Dublín votará en contra en la instancia prevista.

En la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, expresó el rechazo de su gobierno a través de un mensaje difundido en la red social X. Allí afirmó que “la Comisión Europea está presionando para adoptar y aplicar un acuerdo que abriría Europa a las importaciones ilimitadas de productos agrícolas sudamericanos, a expensas del sustento de los agricultores húngaros”. Según el funcionario, esta situación implica un desconocimiento de los intereses del sector agropecuario nacional, motivo por el cual Budapest se opondrá al tratado y acusa a Bruselas de “ignorar una vez más” esas demandas.

PROTESTAS AGRARIAS EN DISTINTOS PAÍSES DE EUROPA

De manera simultánea a las definiciones políticas, agricultores de varios países europeos protagonizaron protestas contra el acuerdo con el Mercosur. En Alemania, grupos de productores bloquearon desde primeras horas de la jornada diversas autopistas mediante el despliegue de tractores, incluidas vías clave de acceso a Berlín, en una acción coordinada para visibilizar su rechazo al tratado.

Los convocantes de las protestas en territorio alemán difundieron un manifiesto en el que fundamentaron su oposición al acuerdo, al considerar que “es injusto exponer nuestra agricultura local a una competencia que, debido a unos estándares sociales y ecológicos peores, puede producir de forma más barata”. Este argumento pone el foco en las asimetrías regulatorias y en los costos de producción entre la Unión Europea y los países sudamericanos involucrados.

En Francia, la movilización adquirió especial visibilidad con el ingreso de tractores a París. El Ministerio del Interior informó que alrededor de un centenar de máquinas se encuentran en la capital, aunque “la mayoría están bloqueados a las puertas de la capital”. Asimismo, se indicó que un número no precisado de tractores fue trasladado a depósitos, mientras que las protestas se replicaron en otras regiones del país, como el suroeste y el este. También se registraron manifestaciones de agricultores en Grecia, en rechazo a la posible aprobación del acuerdo.

EL FUTURO DEL ACUERDO UE–MERCOSUR

El gobierno de Francia mantiene una postura firme contra el tratado, en un contexto marcado además por la presión política de sectores opositores. La portavoz del Ejecutivo francés, Maud Bregeon, reiteró que el acuerdo sigue siendo considerado inaceptable por París y advirtió que, si fracasa la minoría de bloqueo integrada también por Italia y Polonia, Francia espera que el Parlamento Europeo intervenga para impedir su aprobación definitiva.

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, que involucra a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, es fruto de negociaciones iniciadas en 1999. Su objetivo central es la liberalización progresiva del comercio entre ambos bloques, con especial impacto en los sectores agrícola e industrial, aunque ha generado controversias persistentes en torno a la protección ambiental, las normas sanitarias y la competencia para los productores europeos.

El Consejo de la Unión Europea podría adoptar formalmente el acuerdo este viernes, lo que habilitaría a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a firmarlo el lunes. No obstante, las posiciones críticas expresadas por varios Estados miembros y las protestas sectoriales en distintos países mantienen abierto un escenario de incertidumbre sobre el futuro inmediato del tratado.