El analista político Pascual Albanese, entrevistado por Rubén Duarte en LT7 e InfoDRadio 106.3 FM, abordó el escenario político tras las recientes elecciones en la provincia de Buenos Aires.
Albanese enfatizó sobre el sorpresivo triunfo de Fuerza Patria con una diferencia de más de trece puntos sobre La Libertad Avanza, y remarcó que los resultados modificaron las expectativas sobre el panorama nacional de cara a los próximos comicios del 26 de octubre.
Parte de ese voto, señaló, podría responder a un castigo hacia el gobierno nacional, debilitado en las semanas previas por crisis mediáticas y pérdida de iniciativa política.
En ese sentido, advirtió que, sin un clima de negociación con algunos gobernadores, podría emerger un escenario de ingobernabilidad, aunque con un reducido margen para una transición ordenada entre 2025 y 2027.
—Pascual Albanese, ¿cómo te va? Buen día, buen sábado.
—Buenos días. ¿Cómo están ustedes?
—Muy bien, con un calorcito, eh, típico de Corrientes a veces, porque con esto del cambio climático ya no se sabe, ¿no?
—Y pronóstico que valga.
—¿Vos cómo andás, Pascual?
—Bien, por suerte. Muchas gracias.
—Bueno, me alegro. ¿Cómo está la provincia de Buenos Aires, eh, luego de las elecciones del pasado domingo, Pascual?
—Sin ninguna duda, hay un impacto político muy fuerte porque el resultado en cierto sentido era absolutamente inesperado, o sea, era previsible y la mayoría de las encuestas, aunque no se hubieran dado a conocer públicamente, coincidían en este punto, en que, eh, Fuerza Patria, eh, le ganaría a La Libertad Avanza, o sea, al oficialismo, por una diferencia de aproximadamente cinco puntos. Tanto es así que lo que suele en Buenos Aires caracterizarse eufemísticamente como “los mercados” tenían de alguna manera absorbido el hecho de que el gobierno iba a sufrir una derrota electoral de esas características y de ese nivel. Ahora, 13 puntos y medio de diferencia entre Fuerza Patria y La Libertad Avanza era algo que ni los más optimistas dirigentes del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires se hubieran animado a prever. Y, por lo tanto, a su vez nadie en el oficialismo hubiera imaginado semejante catástrofe electoral. Este punto, es decir, por la dimensión y por lo inesperado, sumada una cosa con la otra, ha generado obviamente una situación de enorme impacto, con independencia de que no necesariamente esta misma diferencia tenga que repetirse en la elección del 26 de octubre.
—Ajá.
—Esto es, habría que pensar —y esto es muy difícil de establecer porque tampoco hay estudios técnicos adecuados— en qué medida el extraordinario 47% de los votos que obtuvo Fuerza Patria en la elección del 6 de septiembre responden a un apoyo inequívoco a lo que se puede entender como el kirchnerismo en términos políticos.
—¿Y cuánto hay ahí de lo que puede caracterizarse como voto castigo al gobierno nacional, que en los 15 días previos a la elección sufrió, eh, un desastre desde el punto de vista mediático a partir de la difusión de los audios atribuidos a… español, este, que generaron una situación de opinión pública en el país, pero particularmente en la provincia de Buenos Aires, muy pero muy negativa para el gobierno, que en los últimos 10 o 15 días prácticamente perdió toda capacidad de iniciativa en el medio de una campaña electoral de características decisivas como la que fue la del 6 de septiembre? Vos sabés que hace unos días atrás, previo al 7, hablamos con nuestro amigo en común, Carlos Fara, y analizando la situación coincidíamos los dos en que para muchos argentinos nos encontrábamos entre la espada y la pared. Eh, ubicá como quieras, pero me refiero —y nos referíamos con Carlos— al kirchnerismo y a La Libertad Avanza y a la polarización.
“El impacto electoral fue mayor de lo previsto”
—Exactamente. Pero hoy por hoy cobra fuerza un espacio político denominado Provincias Unidas, que tiene como protagonistas a una decena de gobernadores del país y otros importantes dirigentes. ¿Ves como una opción para más adelante? ¿Qué opinión tenés de este espacio que está en conformación?
—Bueno, si la palabra “para más adelante” sirve para caracterizar una coincidencia con tu análisis, sin ninguna duda, ahí coincidimos. Yo diría una cuestión que me parece previa, pero que tiene que ver con el contexto de este nuevo escenario, porque en la Argentina de hoy están convergiendo tres situaciones virtualmente inéditas y que me parece que de alguna forma constituyen, si cabe decirlo, la raíz estructural de este fenómeno de reagrupamiento federal. El primero de esos elementos inéditos es que por primera vez en la historia constitucional argentina hay un presidente de la República legítimamente electo con un respaldo relativamente importante de opinión pública que no gobierna ninguna de las 23 provincias y tampoco la ciudad de Buenos Aires. Esto no había pasado nunca.
—El segundo elemento es que tenemos 23 gobernadores y un jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires —en el caso de Jorge Macri—, ninguno de los cuales reconoce una jefatura política nacional. Segundo hecho, igualmente tan inédito como el anterior. Tercer elemento, por las características del programa aplicado por el presidente Javier Milei y por las dificultades que presenta —y que todos conocemos— la economía argentina. El Estado nacional virtualmente ha desertado de la contribución fundamental que requieren las provincias argentinas en materia de infraestructura, es decir, en materia de obras públicas. Por lo cual, también por primera vez en la historia argentina, tal como coincidiendo con los otros dos fenómenos inéditos, las provincias se ven obligadas por las circunstancias a asumir la responsabilidad que antes de alguna manera estaba compartida con la Nación, y eso, por supuesto, genera una cantidad de obligaciones que incluyen, por ejemplo, la necesidad de recurrir al crédito externo, lo cual supone también, por lo tanto, manejar un cierto sistema de relaciones internacionales. Es decir, todo un elemento novedoso desde este punto de vista que también hace a la necesidad de fortalecer las autonomías provinciales. Si uno suma estos tres elementos igualmente inéditos —tres cosas que no habían pasado nunca y que se dan juntas, se explica por qué en este momento, si uno tuviera que clasificar la situación política argentina, no podría dividirlo en partidos políticos porque todo el mundo sabe que están en crisis—, sino que en realidad lo que habría que establecer es que en la Argentina de hoy, con independencia inclusive de las cuestiones ideológicas, hay dos polos objetivos, dos polos de poder objetivos. Uno es el poder ejecutivo nacional legitimado por las urnas y el otro son las provincias argentinas que tienden a coordinar acciones que pueden ser o no electorales según los casos, porque las circunstancias… La Argentina de hoy no se divide en radicalismo y peronismo, entre derecha o izquierda, entre kirchnerismo y anti-kirchnerismo. Se divide, en términos estructurales, entre el poder ejecutivo nacional y las 23 provincias argentinas, que pasa básicamente por interés.
“La crisis de los partidos abre paso a un reagrupamiento federal”
– Es un gobierno que, bueno, ahora designó un ministro del Interior porque aparentemente las medidas que tomaba o está tomando aún no son federales. ¿Qué opinás de quién va a ser el nuevo ministro?
—Bueno, el nuevo ministro del Interior es un hombre cuya idoneidad nadie discute por su trayectoria, por su conocimiento del tema, por su vinculación directa con quien sin ninguna duda es el hombre que se ha manifestado con mayor capacidad de diálogo político del gobierno, que es el jefe de Gabinete Guillermo Francos. Y desde ese punto de vista, en lo que a su persona respecta, no merece ninguna objeción. El problema es cuál es el margen de maniobra que él o cualquier otro ministro puede tener en estas actuales circunstancias. Y efectivamente los hechos demuestran —y la realidad económica argentina ayuda a demostrarlo también— que el margen de acción que tiene este ministro, y en realidad hay que decirlo también el gobierno nacional en su conjunto, para poder revisar su relación con las provincias argentinas es muy pero muy escaso. Cosa que se está exhibiendo en estos días.
—La mesa de diálogo, la mesa política que conformó el gobierno nacional es más de lo mismo, ¿no?
—Yo creo que, me podrías haber dicho rápidamente, si la pregunta es por sí o no, sí. Más aún, en realidad, esta llamada mesa de diálogo en realidad lo que tiende a hacer es precisamente a licuar diferencias internas, o sea, lo que antes podía considerarse como dos sectores dentro del gobierno que eran de alguna manera mezclados en un conjunto de seis, siete personas que desempeñan el gobierno, me refiero, que han quedado de alguna forma a cargo de la coordinación de la acción política.
“El gobierno sólo podrá sostenerse si logra negociar con las provincias”
—Mm. Vos decís que si no cambia la política económica, eh, porque los sectores más postergados han profundizado más su crisis y esto obviamente tiene que ver con el malestar en las urnas del pasado 7 en provincia de Buenos Aires. Si de la macro no bajamos y miramos un poco al día a día, a la micro, eh, va a ser difícil revertir el 26 de octubre el resultado de provincia, ¿no? Y esto ya ha llegado a todo el país.
—Bueno, yo acá haría una aclaración que me parece que conviene tener en cuenta y que surge precisamente del análisis anterior sobre la crisis del sistema político tradicional. Si vos me preguntás, en las planillas del Ministerio del Interior de la República Argentina, la noche del 26 de octubre donde se inscriben los resultados electorales a nivel nacional, qué fuerza política va a tener la mayor cantidad de votos a nivel nacional, no sería de descartar que la primera fuerza política nacional, con un porcentaje relativamente bajo en términos generales —digamos, 30 y algo por ciento—, sea La Libertad Avanza, o sea, la fuerza del gobierno del presidente Milei, y la segunda fuerza del orden descendente sea Fuerza Patria, y después haya un archipiélago de fuerzas locales que van a obtener x cantidad de votos según sus respectivos distritos. Entonces, a la pregunta “¿quién va a salir primero el 26 de octubre?”, la respuesta yo diría que por lo menos está en el aire, está en duda. Para nada es inexorable que el gobierno sea derrotado en ese marco. Y, aparte, si vos me preguntás qué significa esto a partir del 10 de diciembre, yo te diría relativamente entre poco y nada.
—¿Por qué?
—Porque no hay ninguna posibilidad de que el oficialismo mejore en el sentido de tener mayoría propia en ninguna de las cámaras del Congreso Nacional. Va a tener, sí, probablemente el tercio necesario tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la Nación para impedir que sean rechazados los vetos presidenciales a las iniciativas del Congreso que el gobierno juzgue lesivas para el déficit fiscal, cosa que no ha acontecido en los últimos días. También es cierto que el gobierno no está en condiciones de hacer aprobar sin una negociación política con sectores de la oposición ninguna ley durante los próximos dos años.
—Al mismo tiempo, el Congreso Nacional no está en condiciones de aprobar ninguna ley contra la voluntad del Poder Ejecutivo que no sea vetada y que, por lo tanto, no tenga efecto en términos prácticos. A su vez, el gobierno no puede aprobar ninguna ley ni sancionar ningún decreto de necesidad y urgencia sin una previa negociación con la oposición, sin que ese decreto sea derogado por ambas cámaras del Congreso. Dicho de otra manera, si no hay un establecimiento de un clima político de negociación y convivencia de alguna característica entre el gobierno y algunos sectores de la oposición política —esto es, por lo menos algunos gobernadores—, la situación de la Argentina podría llegar, estamos hablando de una probabilidad lejana, a generar un escenario de ingobernabilidad. Lo más lógico sería que, puestos ante el borde del abismo, se genere algún mecanismo de composición política, pero esto todavía no es una cosa que se va a manifestar el 26 de octubre, sino a partir de ese día.
—Por lo que estás relatando, entiendo que no tenés una opinión apocalíptica, digamos, sobre el futuro del gobierno. Como sí, en cambio, tienen importantes dirigentes nacionales muy conocidos, como el caso de Sergio Berni, por ejemplo, que dice que todo está podrido y está a punto de estallar, ¿no?
—Bueno, lo que sucede es que, digamos, cada uno puede tener una apreciación desde la perspectiva política en la cual está situado, y es seguramente el caso de Sergio Berni. Pero lo cierto es que todavía existen posibilidades de recomposición que permitan no un éxito del gobierno, sino su supervivencia política y, por lo tanto, una transición entre el 2025 y el 2027 que no sea particularmente traumática para el pueblo argentino.
—La figura de Karina Milei…
—Creo que es inseparable de la figura de su hermano. O sea, a mí me parece que la idea de que Karina es, entre comillas, la mala de la película, es una historia que en realidad inclusive ya otras veces se ha vivido en la política argentina, pero en realidad es imposible separar la figura de Karina Milei de Javier Milei. Por lo tanto, me parece que está sobredimensionado el rol que ella cumple, dado que en realidad ella actúa a su manera como delegada del presidente de la República.
—¿Algo más que quieras agregar, Pascual? Te escuchamos.
—No, creo que la situación es lo suficientemente compleja como para no hacer pronósticos demasiado arriesgados. Hay que esperar, como decía el general, esperar en estos casos de sencillez hasta que aclare.
—Así es. Algunos dicen balconear también, ¿no? Pero eso es sin compromiso. Hay que comprometerse un poco, ¿no?
—Asimismo.
—Dale, te mando un abrazo, Pascual.
—Adiós. Y muchas gracias. Hasta luego.
